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Suite 2205 (Foto: Remedio Valls)
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Evia -o Eubea- quedó entonces a merced de macedonios, romanos, francos, bizantinos, venecianos y turcos, quienes finalmente devolverían la isla a los griegos en 1830. Un agitado pasado, que ha devenido en plácido presente. Dada su condición ambivalente -las guías sobre islas griegas la tratan como si fuera continental y las que hablan de tierra firme la olvidan porque es una isla-, ha conseguido evitar hasta el momento la invasión masiva de turistas.
Isla de bosques, huertos, olivos y viñedos, isla de mar ora añil, ora translúcido, isla casi secreta, reunía cualidades más que suficientes para que en los años 70 la cadena francesa Club Med decidiera abrir en ella uno de sus villages. Bautizado con el mismo nombre del cabo en el que se asienta, Gregolimano se construyó al noroeste de la isla, semiescondido entre las frondosidades de un inmenso pinar. Tras una profunda renovación que ha mantenido sus puertas cerradas durante un tiempo, Gregolimano reabre sus puertas más coqueto que nunca pero con la misma filosofía de sus orígenes, la de ser un complejo vacacional para familias e incondicionales de los deportes náuticos. Porque éste es un resort de playa con todo incluido nada convencional: desde la pulsera que da acceso a todos los servicios, muy discreta y de algodón, al programa de actividades en el que priman los deportes y la vida sana o el propio complejo, construido respetando el entorno natural en el que se enclava.
Al village se llega en barco, una travesía sobre aguas serenas -hoy Poseidón no se ha movido de palacio- de apenas media hora. La proa apunta a una costa agreste cubierta por una masa verde de pinos. Pero ni atisbo de Gregolimano, aunque nos aseguran que está ahí mismo, oculto por los árboles. La nave se detiene al fin en un atracadero donde cuatro jóvenes reciben (hasta en seis idiomas distintos) a los huéspedes y les ofrecen una copa de bienvenida y la susodicha pulsera.
Ahora sí, empezamos a descubrir el complejo: un edificio principal, varios bungalós frente al mar, apartamentos individuales en el bosque, discoteca de corte ibicenco, bar lounge, piscina, boutique y tienda con artículos de primera necesidad, anfiteatro, restaurantes al aire libre donde la gastronomía (internacional y griega) se disfruta tanto como el paisaje... Y todo muy chic. La remodelación, encargada al estudio de Jean-Philippe Nuel, responsable también del hotel Hilton de Evian Les Bains o de los parisinos Le General, La Villa o el Victorie Opera, ha dotado a los espacios comunes de un marcado carácter mediterráneo y contemporáneo, al igual que las habitaciones, redecoradas en colores cálidos, acordes con el mar Egeo que se ve -y escucha- tras la ventana.
El forfait incluye alojamiento en habitación Club (estándar), pero puede optar, pagando un extra, a las Deluxe y Suites, con bañeras de hidromasaje y terrazas inmensas para prolongar los baños de sol sin salir de la habitación. No se preocupe si el primer día se siente abrumado por la abigarrada agenda de actividades deportivas y de ocio de Gregolimano. Los gentil organisateurs o GO -pronúnciese «lli ou», con boca de piñón-, se encargarán de asesorarle y convertir su estancia en una experiencia memorable. Asistentes, animadores, políglotas y en ocasiones confidentes, los GO son el alma de Club Med desde que en 1950 se creó esta figura en el primer resort de la cadena, curiosamente en las islas Baleares.
Usted, convertido en GM (gentil membre o cliente dispuesto a liberar adrenalina sin jugarse la vida en el intento) podrá escoger entre vela, esquí acuático -uno de los puntos fuertes de Gregolimano-, wakeboard, tiro con arco, waterpolo, bádminton, volley playa... Y no se eche atrás si es la primera vez que practica alguno de estos deportes. Ya sea principiante o iniciado, un equipo de monitores se encargará de orientarle y enseñarle las técnicas necesarias para salir bien parado del lance. Si viaja en familia, sepa que en Club Med se precian de ser pioneros en ofrecer un trato realmente personalizado tanto a bebés de cuatro meses como adolescentes de 17 años. En el Mini Club y el Juniors' Club cada grupo de edad encontrará diferentes actividades lúdicas, deportivas y creativas, supervisadas por personal cualificado. Hasta los pequeños más renuentes caerán rendidos ante sus originales propuestas, que incluyen participar en un circo infantil.
Pese a lo idílico del enclave y al ambicioso programa de actividades para adultos y niños, no podemos -ni debemos- olvidar que nos encontramos en Grecia, cuna de la cultura clásica. Evia está salpicada de yacimientos, fortalezas francas y bizantinas, pequeños pueblos pesqueros y la antigua Eretria, aunque la considerable distancia que les separa del resort desaconseja su visita, al menos en esta ocasión.
Pero en Gregolimano piensan en todo y le proponen desde excursiones en helicóptero sobrevolando los campos de olivos y el litoral de Evia a visitas de un día entero en Atenas, Meteora o el Oráculo de Delfos. También organizan salidas de mañana o tarde para conocer la isla de Skiathos -en el vecino archipiélago de las Espóradas- de la que dicen que tiene hasta 60 playas de ensueño, algunas de ellas verdaderas joyas en Grecia. O Lihadonesia, una discreta playa a la que sólo se puede llegar en barco.
De noche, todos de fiesta a la playa: unos disfrutando de su copa en las jaimas, otros entregados a la música del DJ... Y un tridente asomando por encima de las cabezas que se agolpan en la pista.
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