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 DIRECTORIO   10 de Octubre de 2008, número 555 
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INTERIORES
El interiorismo como el arte de 'maquillar' viviendas
EL ARQUITECTO JAVIER CASTILLA CREE QUE LAS CASAS DEBEN ADAPTARSE A SUS HABITANTES
JORGE SALIDO COBO

Las páginas de SU VIVIENDA recogen de nuevo el testimonio de un prestigioso interiorista que habla de su proyecto residencial más emblemático. En esta ocasión toma la palabra Javier Castilla, que lleva 25 años 'maquillando' hogares para adaptarlos a las personas que van a vivir en ellos. En su opinión, es fundamental que los profesionales de la decoración de interiores escuchen para luego plasmar y reivindica una mayor confianza en el gremio al que pertenece. Puede visitar la casa de Castilla, un apartamento de 100 metros cuadrados hecho obra de arte, en 'suvivienda.es'.

«¿A qué dices que te vas a dedicar?», preguntaron sus progenitores a Javier Castilla después de que les dijera cuál sería su futuro profesional tras estudiar Arquitectura. «A mis padres les sonó rarísimo que quisiera ser interiorista después de estudiar una carrera tan dura. Pensaban que esto consistía en colocar sofás y decorar. Estaban equivocados. El interiorismo es mucho más que eso», afirma Castilla antes de enseñarnos su casa, un inmueble hecho obra de arte que hace las funciones de laboratorio de pruebas de la marca JC.

Castilla, que en 2008 cumple las 'bodas de plata' puliendo el interior de las viviendas, presume del que hoy es su hogar, hecho a su imagen y semejanza. Se trata de un apartamento rectangular de 100 metros cuadrados dividido en salón, cocina, baño, habitación y vestíbulo. Como él diría, «una distribución que persigue ser más cómoda que estética».

Esta premisa es una de las líneas fundamentales con las que Javier Castilla trabaja, «porque una casa siempre debe estar adaptada a la persona que va a vivir en ella».

«Las vistas me enamoraron»

Pero este apartamento no es un apartamento cualquiera. Sus dos balcones exteriores dan al Museo Thyssen y su acera, circunferencia de un edificio levantado a mediados del siglo XIX, desemboca en el paseo del Prado. «Nada más pasar a la vivienda, me dirigí hacia las ventanas y las vistas me enamoraron. Era lo que estaba buscando».

Castilla se encontró con un espacio totalmente nuevo por dentro e histórico por fuera. «Sus elementos eran completamente anodinos e impersonales. Fui consciente, desde un principio, de que tendría que hacerle un profundo 'maquillaje'».

Apenas realizó obra, rama en la que también está especializado su Estudio Reforma, en el piso. Se limitó a sustituir la tarima de roble, retocar las paredes y tirar un par de tabiques sin función en la entrada. «Cuando las puertas se quedan abiertas, las puertas sobran», señala.

Castilla cree que el interiorismo atraviesa por un momento muy dulce, aunque se queja de la escasez de confianza en los profesionales de este sector. «Cuando te duele una muela, vas al dentista; cuando tienes un problema legal, vas al abogado; entonces, ¿por qué cuando alguien se compra una casa no recurre a un interiorista? Ésta es una profesión más», reivindica.

Si tuviera que destacar alguna cualidad que debe tener todo experto de su gremio sería la de «escuchar para plasmar». Tiene claro que «el presupuesto lo es todo en un proyecto». «Actualmente, hay calidades más y menos económicas. Se necesita dinero, pero lo que hay que tener es una buena idea. Después, ésta se puede llevar a cabo invirtiendo poco a poco».

Castilla, que declara que él ya nació interiorista, admite que lo más difícil de su tarea diaria es lidiar con todo el equipo encargado de plasmar sus bocetos en el espacio. «Lo más complicado es controlar. Se cree que esta profesión es preciosa, donde sólo se eligen telas y colores, pero hay una trastienda detrás de todo eso. Hay que vigilar a tapiceros, albañiles, carpinteros...».

Tarea que no le tuvo que resultar nada fácil en su trabajo más complejo realizado hasta hoy: transformar una casa de pastores de una finca de Ciudad Real en una vivienda de auténtico lujo.

Casa que seguramente pertenecía a una persona de mediana edad, con poder adquisitivo normal, con poco tiempo disponible y seguro de sí mismo. Éste suele ser el perfil de las personas que buscan los servicios de Castilla, amante de las casas usadas. «Prefiero los inmuebles de segunda mano porque partes desde un tema más básico en el que tú puedes demoler y rehacer. En una vivienda nueva sólo puedes hacer un 'maquillaje'».





     
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