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Santino planifica sus ataques con una admirable meticulosidad. Horas antes de que el enemigo se aproxime a su territorio, empieza a recopilar las armas que le servirán para consumar su venganza. Poco a poco, con infinita paciencia, escoge los proyectiles más letales que encuentra a su alrededor, hasta que logra amontonar un temible arsenal de potentes misiles. En ese momento, ya sólo queda esperar a que el invasor se atreva a asomar la cabeza para lanzar un ataque sin piedad.
La increíble historia de Santino ha dado la vuelta al mundo en las últimas semanas. Y no es para menos, ya que este sabio experto en el arte de la guerra no es un miembro de nuestra especie, sino un chimpancé que reside en un zoo de Suecia. El etólogo Mathias Osvath, de la Universidad de Lund, lleva meses analizando su comportamiento, y ha concluido, en un trabajo publicado por 'Current Biology', que se trata de la primera prueba inequívoca de que nuestros parientes más cercanos son capaces de planificar el futuro.
Hasta ahora, ya existían muchos indicios de que los chimpancés tenían esta habilidad. Desde hace décadas, se sabe que estos primates son capaces de fabricar herramientas rudimentarias para cazar termitas o romper nueces. Pero los más escépticos siempre señalaban que estas acciones sólo se realizaban para satisfacer necesidades inmediatas, sin implicar la elaboración de una estrategia de futuro. Sin embargo, en el caso de los lanzamientos de piedras que diseña y ejecuta Santino contra los visitantes del zoo de Furuvik, no cabe la menor duda de que el chimpancé planifica sus ataques con antelación.
El doctor Osvath ha comprobado que Santino se dedica a buscar, seleccionar y amontonar su munición durante las primeras horas de la mañana, cuando el zoológico aún está cerrado al público. De hecho, incluso se ha descubierto que el muy pícaro ha detectado algunas zonas agrietadas del recinto donde logra obtener algunos de sus misiles al golpear con fuerza sobre el suelo de cemento. Además, durante esta fase de preparación, su estado de ánimo refleja una total tranquilidad, como la de cualquier conspirador que se encuentra diseñando una estrategia con frialdad, a diferencia de la extrema agitación que muestra cuando inicia sus lanzamientos de piedras.
En definitiva, el caso de Santino demuestra de forma contundente que el cerebro de un chimpancé puede planificar acciones con premeditación (ataques con proyectiles), basadas en el recuerdo de experiencias previas (la recurrente invasión de extraños bípedos armados con cámaras de fotos). Por lo tanto, si la capacidad para prevenir y organizar el futuro siempre se ha considerado una de las señas de identidad del animal humano, es evidente que esta habilidad ya no puede considerarse un monopolio exclusivo de nuestra especie. Además, Osvath señala que los chimpancés salvajes deben mostrar este tipo de comportamiento con mucha mayor frecuencia, ya que el entorno de la selva es mucho más complejo que el de un zoo, y sin duda dependen de ello para su supervivencia. Sin embargo, lo que no podía prever Santino es la estrategia radical que los directivos del zoo de Furuvik han adoptado para acabar con sus peligrosos ataques: al pobre han decidido castrarlo para reducir su agresividad. Eso sí que es planificar el futuro a lo bestia.
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