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«Desayunando» con Cayetana y Alfonso
En la mañana del jueves, después de la primera noche en la que Alfonso había dormido bajo el mismo techo que su amada (para ello se dispuso una habitación para él en palacio), tuve un agradable «desayuno telefónico» a tres bandas con los protagonistas de esta gran historia de amor. Cayetana estaba tan exultante que su alegría se reflejaba en la voz, fuerte, clara y segura. En un momento dado, me pasó a Alfonso para que pudiéramos hablar. Aunque el contenido de nuestra conversación fue privado y confidencial, se mostró tranquilo, sereno, seguro y respetuoso. Hablamos de su familia, de su padre, un ilustre militar a quien conocí en ¡Hola!, de su madre, una gran señora («tenía mucha simpatía por ti») y de amigos comunes. Todo fue gratificante. Llegué a la conclusión de haber desayunado con una pareja feliz que vivía con ilusión las vísperas de su boda.
La duquesa se casa, ¡vaya si se casa!
Pienso que, a lo mejor o a lo peor, todos, del Rey a los hijos, han hecho lo que creían tener que hacer oponiéndose a que la duquesa, a que mamá, a sus 83 años, se quisiera casar con Alfonso Díez Carabantes, de 58 años. Pero miserable y hasta canallesco fue que alguien filtrara a El País un informe que hizo mucho daño. «Quisiera saber quién ha sido para torcerle el cuello» (Cayetana dixit). Aunque supone quién lo hizo y está cargada de razones porque en ese informe se habla de isquemias cerebrales, hidrocefalias, demencias progresivas, encharcamiento de pulmones y fallos cardíacos. Todo un vademécum médico en el que la enfermedad parecía tener la última palabra, olvidando, en este caso concreto, que la muerte, si es que alguien la desea, se burla de las palabras. La enfermedad es a menudo, para ciertas personas, un medio de vencer. «Quiero dejar muy claro que estoy perfectamente bien y que tengo la cabeza en su sitio más que nunca. Lo único que me fallan, todavía, son las piernas. A ver si se enteran ya de una vez». Pero, como no hay mayor ciego que quien no quiere ver ni mayor sordo que quien no quiere oír, sería bueno que todos aquellos que se han opuesto y siguen oponiéndose a la boda de Cayetana con Alfonso vayan preparándose. «No he descartado, de momento, casarme», ha declarado esta mi semana en ¡Hola!
Marcha atrás
Me pregunto qué habrá sucedido, desde la última entrevista que le realicé hace un mes a Cayetana en su villa de Ibiza, durante la que me confesó que, por presión de sus hijos («entre ellos hablaron y me pareció muy feo y de muy mal estilo») e incluso del Rey, había decidido sacrificarse renunciando a la boda.
Aunque la actitud de los hijos se entiende, la de Don Juan Carlos, no. Por muy monárquica y 14 veces Grande de España que sea la duquesa de Alba, qué podía hacer y decirle el Rey, cuando él no ha podido evitar primero, que su hijo se casara con quien quisiera (¡menudo disgusto el día que se lo comunicó!, mayor incluso que el de los hijos de Cayetana el día que supieron que su madre había decidido casarse con Alfonso Díez), y segundo, que su hija se separe de Jaime e, incluso, que la nuera se haya sometido a cirugía estética. Pero hizo lo que pudo, con su mejor buena fe y voluntad. Aunque se logró, en los primeros momentos, parar la boda, ¡todos tan contentos!, quien se sintió frustrada fue Cayetana, a quien, por primera vez en su vida, se le iba a impedir hacer lo que le daba la real gana.
«Estoy enamorada y él está enamorado. A ver si se enteran de una vez... mi amor es un amor muy intenso, apasionado, y me siento correspondida... Alfonso es una persona estupenda en todos los sentidos. Y me quiere. No se merece este trato».
Alfonso entra en Las Dueñas
Durante la entrevista que tuve con la duquesa en su villa de Ibiza, me reconoció que Alfonso es un hombre honesto, serio, que odia la notoriedad y a quien solo le interesa la dueña de la casa. No sus dineros ni sus títulos ni su fama. Esta mi semana, concretamente el pasado miércoles, por la tarde, Alfonso entraba por primera vez en el palacio de su dueña, el de Las Dueñas. Sin importarle ni a él ni a Cayetana que decenas de reporteros y cámaras de televisión hubieran puesto sitio a la casa más emblemática de la duquesa.
Ha sido la primera vez que el amor de la pareja ha dejado de ser oculto y clandestino. «Hasta ahora hemos vivido la relación como si fuéramos dos adolescentes, viéndonos a escondidas».
No hay duda de que la decisión está tomada. Por encima de los hijos, de Dios y del Rey. Las tres razones sobre las que pivotaba, hasta ahora, su vida. «Tengo las ideas claras pero hay cosas más importantes que se han cruzado en mi vida actual».
Pero «esas ideas claras» sólo le habían conducido a «una soledad física y del alma», soledades con las que ha acabado Alfonso Díez, «esa cosa más importante que se ha cruzado en mi vida». Está tan ilusionada que, incluso, piensa ya como será su traje de novia. «Cuando la boda no es la primera, te casas con un vestido normal. Como me casé con Jesús». Lo que digo: la duquesa de Alba se casa, ¡vaya si se casa!
CHSSSSS...
Quien es la más ordinaria de las famosas a quien Nati Abascal convirtió, con su magistral estilismo, en toda una princesa para las páginas de ¡Hola! y cuyo nombre la Cortázar no quiere dar. ... Verdad o mentira, algo está pasando. Pienso que el gran error es no haberse divorciado ya. Los eufemismos sólo conducen a la más dura y cruel realidad.... Javier Saavedra, el famoso abogado, le ha ganado un juicio más a la duquesa de Alba. Este contra el Secretario General del Sindicato de Obreros del Campo, Diego Cañamero. Es el letrado de confianza de Cayetana. ... Dar el tratamiento y hacer la reverencia no es obligado por el protocolo que, según el Rey, a veces está para saltárselo. Por ello, no se le puede criticar, en cortesanas columnas, por no haberle dado el tratamiento ni haberse arrodillado.... Si a ti te gusta hacerle el plongeon y darle todos los tratamientos es tu problema, muchacha. No de ella. ... La chica de Alcobendas se cree Greta Garbo, una diva, la más grande de las estrellas del firmamento y pone para las entrevistas mil ridículas condiciones. Luego resulta tan agresiva y desagradable que, en un momento dado, se encara con la ilustre periodista: «Pero, ¿qué es lo que me estás preguntando?... Es que no te voy a contestar». ¿Y para esto viajó hasta Londres?
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