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 DIRECTORIO   Domingo, 5 de octubre de 2008, número 677
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LA OTRA CRÓNICA | JORDI GONZÁLEZ BELART
El éxito de una "noria" pasada de revoluciones
P. REGO

Ha pasado de entrevistar al Nobel Severo Ochoa —sin pasta por delante—, a pagarle a una mujer fuera de sí para que despotricase contra un profesor, hoy en coma, que la había defendido de su novio a las puertas de un hotel: 70.000 euros por el vómito en directo. «En La Noria nunca habrá tiempo para temas aburridos». ¿Querrá decir escándalo? Palabras del presentador Jordi González, barcelonés de 45 años, tipo culto y luchador que de joven leía a Aristóteles y hoy se gana muy bien la vida destapando con finos modales —sí— el cubo de la basura en Telecinco. Unos 18.000 euros, estiman fuentes del espectáculo televisivo, se llevaría por programa (cuatro horas en directo) este exquisito domador de freakies y famosos.

A su Noria de cada sábado, otro exitoso invento de La Fábrica de la Tele, productora del defenestrado icono de la telebasura Aquí hay tomate, igual se sube un cachas polaco, ex amante de la Obregón, una inclasificable Belén Esteban, periodistas serios o el hijo homosexual de Andrés Pajares, auxiliar de vuelo dispuesto a airear por un puñado de euros las miserias de su padre. Cada semana elevando la apuesta. En la penúltima entrega (27 de septiembre) el circo de La Noria ofreció el triple mortal de la vulgaridad entre dos invitados duchos en navajazos dialécticos: María Antonia Iglesias, directora de Informativos de TVE en tiempos de Felipe González, y Miguel Ángel Rodríguez, gurú de la comunicación cuando Aznar reinaba en Moncloa.

—María Antonia, estás cada día peor. ¿Te has tomado la pastilla?

—Eres un cabrón, ¿vale?

—Retira lo de cabrón o me voy.

—No me da la gana. Eres un machista repugnante.

—Y tú, una imbécil.

[Ya en el descanso de la publicidad, sin público de testigo, Enric Sopena, otro de los contertulios habituales, intentó poner paz sin demasiado éxito].

Como ocurrió días antes con la visita al programa, previo pago, de Violeta Santander —novia del desequilibrado que mandó a Jesús Neira a la UVI, donde lleva ya dos meses—, La Noria ha vuelto a pasarse de vueltas. El impresentable rifirrafe verbal presenciado por dos millones largos de espectadores —«Bochornoso enfrentamiento el de estos dos elementos: ante ellos, Dinio y el Yoyas son dos auténticas joyas», plasmaba en verso un espectador en internet— habrá colmado las expectativas de lucro de la cadena. «Les habrán salido ampollas de tanto frotarse las manos», dice alguien que frecuenta el programa. «Cuando los tertulianos se insultan, gritan y son violentos, la audiencia sube y los programadores televisivos están encantados», explica el profesor de Periodismo de la Universidad Carlos III de Madrid, Carlos Elías.

El autor del libro Telebasura y Periodismo (Ed. Libertarias), que fue reportero antes de ser docente, dice más: «Creo que la clave está en calificarlos como lo que son: programas de telemierda con efectos altamente destructivos sobre la mente de los espectadores y degradantes para la profesión periodística». [En algunos países como Nueva Zelanda se está abriendo desde las universidades una novedosa línea de investigación que identifica la televisión como sustancia tóxica, de manera que su consumo (y por tanto la producción de algunos programas) puedan considerarse como drogas].

La extinción de espacios-telebasura (Aquí hay tomate, Crónicas marcianas, A tu lado...), con caídas de hasta el 24% de la audiencia, ha dado paso a una nueva generación de talk shows hábilmente maquillados de rigor y ética. Se trata de recuperar a los espantados anunciantes (gallina de los huevos de oro) que antes soltaban la friolera de 13.000 euros por un spot de 20 segundos en la sobremesa de Telecinco o incluso más en las mejores noches broncas del desaparecido Salsa rosa.

Y todo ello gracias a fichajes millonarios de solventes periodistas. Como Jordi González Belart, 28 años de profesión (empezó a los 17 en Radio Popular de Reus), dos Premios Ondas y una bien ganada fama de reportero honrado y riguroso. «Cuando me vieron en persona [hace 25 años en TVE] me dijeron que con mi cara nunca saldría en televisión», ha confesado en varias ocasiones quien desde agosto de 2007 hace girar una Noria cargada de dinero (por 200.000 euros sale cada programa), agresividad y mal gusto. Quién se lo iba a decir. Lo retrata así un ciudadano en la Red: «Jordi González, ¡qué listo! Enciende primero la mecha y luego hace de bombero: lo tiene todo previsto».

Dicen que la cámara, como el algodón en el azulejo, no miente.



 
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