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DUQUESA DE ALBA
Ella. Tiene diez palacios, más o menos. Se peina la melena disparatada debajo de un Velázquez. Por la sangre le va una heráldica de tierras de labranza que, juntas, trazan el mapa de media España. Se deshueva de la rancia aristocracia de recuelo. Es moderna a su manera. En su particular ruta del bakalao ha trasnochado con flamencos, poetas, actores, toreros, periodistas y un par de palmeros de Lebrija. Después de probar un padre para sus hijos se enroló en el amor con un jesuita listísimo. Es devota de no sé qué Cristo. Y tiene algo de punki con volantes.
La victoria. Ha revolucionado a la prole porque a los ochenta y tantos le ha dado por un anónimo con el que amenaza esponsales. Que sí, Cayetana.
JUANA GÁLVEZ
Desidia. Hubo negligencia. Sin intención perversa probablemente, aunque negligencia. Los juzgados son una selva de causas por resolver. Los funcionarios se quejan del exceso de trabajo, pero cuanto más se aparca más crece la ineficacia. En el departamento del juez Tirado (en la foto) resultó fatal ese abandono de obligaciones. Dejaron a un asesino dando tumbos por la calle. El de Mari Luz. El asunto reveló otro cáncer del sistema. Lo grave es que todos somos parte de él, sobre todo víctimas. Nada hay más irregular en un Estado de Derecho que la gangrena de la Justicia, desde los sótanos a los despachos.
La derrota. A la secretaria judicial del Juzgado de Sevilla la suspenden dos años de empleo y sueldo. Ya, un parche. La solución es otra.
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