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 DIRECTORIO   Domingo, 5 de octubre de 2008, número 677
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TRES HISTORIAS | LOS OTROS PROTAGONISTAS
Padres agredidos
Cría cuervos y te darán palizas
PACO REGO

Son niños y adolescentes normales, de puertas afuera del hogar. Encantadores incluso con quienes no comparten techo. Pero no son más que apariencias. Calculados trucos de unos angelitos —algunos con sólo cuatro años de edad— que saben cómo y cuando hacer daño. La casa es su refugio y los padres su diana preferida. Les pegan, les insultan, les escupen... Son criaturas de aspecto dócil que sólo delinquen dentro de la familia. Y cada vez más. La alarma acaba de saltar vía Fiscalía General del Estado: las agresiones de hijos (menores) a padres han subido en «un alto porcentaje», denuncia en su informe. Y «una respuesta exclusivamente penal no ofrece la solución». ¿De dónde salen estos pozos de maldad?

El doctor José Sanmartín, que dirige el Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia, lo tiene contado en El enemigo en casa (Ediciones Nabla), de reciente aparición. «Lo común», dice, «es que haya hijos monstruosos —quizá no tanto como Calígula, pero monstruosos al fin y al cabo— cuya maldad no nazca de una biología anómala, sino de una educación inapropiada». Sanmartín le pone rostro al drama:

«Hace un par de meses acudió a la consulta de un amigo psiquiatra una mujer joven, de poco más de 30 años, acompañada de su hijo de tres. El niño parecía muy despierto. Desde que entró en el despacho, no paró de tocar las cosas; se bajó varias veces de la silla; cogió un tintero que había sobre la mesa y cada vez que su madre trataba de sentarlo de nuevo, se zafaba de ella a la vez que profería un sonoro «¡ay!» y le decía, con media lengua, «tate quieta». Mi amigo observaba la escena sin perder detalle. La madre intentó varias veces comentarle qué le sucedía, aunque era muy evidente. Por fin le dijo algo así como «doctor, no puedo con mi hijo. Me trata mal (...). Me saca la lengua. Casi no sabe hablar y, sin embargo, me llama puta a todas horas. El otro día...». La emoción aprisionó la garganta de la mujer que, a duras penas, pudo continuar hablando: «El otro día me pegó. Sí, me pegó (...). Doctor, ¿no podría usted darle algo al niño?». El psiquiatra miró a la joven madre y le dijo: «Usted me pregunta si su hijo tiene tratamiento. Pues, mire, tal vez no sea necesario tratarle. Quizá baste con tratarla a usted». La mujer, aireada, se levantó de la silla, agarró al niño y se marchó (...). No ha vuelto».

A veces la crueldad llega más lejos. Elena (nombre supuesto), inmigrante de 14 años, quiso matar a su madre con matarratas, que le ponía en la comida. Decía que por haberla dejado un tiempo en su país de origen... Se multiplican los casos. Aunque no aporta datos generales, la Fiscalía del Estado ofrece algunas cifras significativas de fiscales provinciales. En Lugo, por primera vez en 2007 hubo más padres agredidos por sus hijos (37) que hijos maltratados por sus padres (23). Algo similar pasa en Zamora, con 15 agresiones de hijos a padres, un 50% más que en 2006. «A veces», reza en el capítulo 4 del libro de Sanmartín, «el enemigo en casa no son ni la pareja, ni los padres. Es el hijo». Cría cuervos.



 
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