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No era una cuestión de añadir sex-appeal a la gran pantalla. Ni de verosimilitud. Era una cuestión de acuerdos-patrocinios entre las empresas de tabaco y el star system. Entre 1937 y 1938, grandes divos como Joan Crawford, Gary Cooper, Spencer Tracy o Cary Grant recibieron pagos de 10.000 dólares cada uno (unos 100.000 euros al cambio actual) por aparecer fumando en pantalla y convertir al cigarrillo en un objeto de deseo.
American Tobacco gastó 218.750 dólares (más de 2.000.000 de euros actuales), cada año, para sustentar este método publicitario sólo para Lucky Strike. El informe ha sido desvelado por Tobacco Control, una publicación crítica con el sector. Este estudio que analiza los pagos realizados entre 1927 y 1951, se ha realizado con documentos internos de la industria tabacalera resguardados por la Universidad de California, San Francisco.
«Era sencillo para mí recibir un Lucky de Joan Crawford o Clark Gable», declaró la estrella de Hollywood Myrna Loy en 1937. La actriz de Los mejores años de nuestra vida, recibió la misma cantidad que ellos por aparecer junto a cigarrillos encendidos en dos películas: Double wedding (1937) y Man proof (1938), 100.000 euros, por filme, si extrapolásemos esta cifra a la economía actual.
Según el informe, Gary Cooper fue remunerado en esa misma época por Almas en mar y Las aventuras de Marco Polo (sic). Joan Crawford por La novia vestía de rojo. Clark Gable por Saratoga. Spencer Tracy por Capitanes Intrepidos y Maniquí. Todos ellos recibieron su paga de Lucky Strike.
Así, las empresas tabacaleras llegaron a tener en nómina a 200 personas, entre actores, productores y directores. Todos con la consigna de hacer que los cigarrillos se convirtieran en objeto de deseo. El director King Vidor, cinco veces nominado al Oscar y ganador de la estatuilla honorífica en 1979, llegó a decir en la década del 30: «Es maravilloso encontrar un cigarrillo que relaje tus nervios y que, al mismo tiempo, te proteja de la irritación de garganta, un mal que los directores de cine estamos condenados a sufrir». Ya para esa época, el cigarrillo recibía críticas por los visibles daños que ocasionaba a la salud.
Los grandes estudios formaron parte del complot de las empresas tabacaleras. Entre 1931 y 1951, se realizaron 215 promociones donde ellos participaron.
Los primeros pactos se habrían firmado en pleno cambio del cine mudo al sonoro. En ese tiempo, una rutilante estrella como Al Jolson, actor y cantante en The jazz singer (1927), conocido en el Hollywood de entonces como el «más grande artista», fue fichado. «Las películas sonoras demandan una voz clara. Con el proceso de tostado del tabaco se matan todos los elementos irritantes. Por eso, mi voz es como una campana en cada escena». Sin comentarios.
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