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Señor Sanz, gírese hacia la izquierda. Clic, clac. Señor Sanz, mire al frente. Clic, clac. Lorenzo Sanz posó para la austera posteridad de una ficha policial el pasado viernes 26 de septiembre, en la comisaría Campo Madre de Dios de Córdoba, con el índice todavía entintado y en la pechera su sempiterna y abrillantada insignia del Real Madrid.
A las 21.43 horas, cuando volvió a la calle sin cargos, repeinado, con el índice limpio y el pin en su sitio, el presidente que levantó en Amsterdam —gol de Mijatovic frente a la Juventus— el oxidado orgullo europeo del Madrid con la séptima Copa de Europa, apenas podía alzar la mirada asaeteado por los indigestos flashes. De los fogonazos de la gloria a los de las páginas de sucesos.
La rocambolesca historia que llevó al empresario a posar para el frío objetivo de una cámara policial no le deja bien parado. O estaba involucrado en una presunta estafa o... «A lo mejor he pecado de gilipollas». Los jueces decidirán. Pero el inclemente entrecomillado lo ofrece el propio Sanz, soliviantado y castizo, a Crónica, desde Iasi, provincia al norte de Rumanía, donde ha pasado la mitad de la semana buscando repetir con solares y terrenos los negocios que le permitieron enriquecerse en el Madrid de los 80 y los 90.
Rumanía, por mor de la crisis, se ha convertido en el Xanadú de los constructores españoles y sus sedientas cementeras. Empresarios con deudas y en situación complicada, como el propio Sanz. Una soga que puede hacer todavía más tentador el atajo del dinero fácil.
«Joder, se me ha tratado como al Lute. Ahora resulta que me han convertido en el nuevo «Solitario», como si entrase en los bancos a punta de pistola...», se queja Sanz, que tiene su versión de la trama casi cinematográfica que le llevó a una comisaría de Córdoba.
Sostiene Sanz que un italiano, amigo suyo «del fútbol», le contactó en agosto para presentarle a una «gente seria» que quería invertir en España para construir escuelas y hospitales.
Sostiene Sanz que la «gente seria», un nicaragüense llamado Álvaro Robelo, diplomático y notario, y Fernando Gallardo, un panameño residente en Hong-Kong, le preguntaron por algún banco en el que depositar 500 millones de dólares.
Sostiene Sanz que, por hacerle un favor a Banesto, los guió el 18 de septiembre a una sucursal de Córdoba en la que el subdirector era amigo de un amigo suyo. Que él se limitó a hacer las presentaciones, durante cinco minutos, no firmó documento alguno y pidió al banco que comprobase que todo estaba en regla. La orden de pago era por 10.000 millones de dólares, y no por 500, pero «en el mundo de las finanzas ya nada sorprende».
Sostiene Sanz que fueron todos a Córdoba tres veces pero que apenas conocía el nombre de estos señores. Y esto ya es más difícil de sostener.
—¿Fueron tres veces juntos a Córdoba y no tiene usted ni un contacto de ellos? —Ni un número de teléfono. —¿Y cómo quedaban? —Me llamaban a mí.
«IRREGULARIDADES»
En el último de los tres viajes, Lorenzo Sanz, su administrador y mano derecha, Pascual Gómez, el nicaragüense y el panameño tomaron un café al mediodía en el café Ruba, en la Avenida del Gran Capitán, frente a la sucursal de Banesto. En cuanto se corrió la voz, se acercó Manolo, el portero del número 24, para hablar de fútbol con Sanz.
Y tan tranquilos y enchaquetados cruzaron la calle para entrar en Banesto. El subdirector de la sucursal les dijo que la operación no podía concluirse y a las 14.00, cuando se dirigían a coger el AVE para Madrid, se les aceraron dos policías.
—¿Podrían ustedes acompañarnos, por favor?
Sostiene Sanz que su respuesta fue «por supuesto, no sea que me estén utilizando». Él y su administrador fueron puestos en libertad sin cargos y presumiblemente tendrán que testificar en los próximos días ante el juez que instruye la causa.
Fernando Gallardo, el panameño, llevaba en su maletín otras cinco órdenes de pago de 10.000 millones de dólares cada una, más dos por 500 millones. En total: 61.000 millones de dólares en ocho papelajos firmados en Hong-Kong. Acusado de falsedad en documento y presunta estafa, le fue retirado el pasaporte y ahora pernocta en un hostal de la ciudad califal, donde se presenta cada día ante la policía.
Álvaro Robelo, el nicaragüense, se fue tan campante, tras exhibir la inmunidad diplomática que le confiere su cargo de «embajador itinerante para misiones especiales» de la República de Nicaragua.
Banesto puso en conocimiento de la Policía el documento, a su juicio susceptible de encubrir «un posible blanqueo de capitales». Según explicaron fuentes del banco a este suplemento, existían «varias irregularidades», entre ellas «la inexistencia de la entidad financiera que firmaba la orden de pago». El beneficiario era una etérea Fundación Legal para los Derechos del Pobre, presidida por el nicaragüense Robelo, con sede en Italia y sin actividad alguna. Suponiendo que exista.
Los bancos españoles han incrementado la seguridad en los últimos meses tras dispararse el número de denuncias por la introducción de pagarés falsos. El último caso detectado fue el de tres órdenes de pago, por valor de ocho millones de euros cada una, a nombre de una conocida constructora. «La mayoría de las bandas son latinoamericanas. Una empresa o institución financiera, a menudo sin actividad ni depósitos, extiende un pago a una segunda sociedad por trabajos inexistentes. Los millones desaparecen inmediatamente. O se consigue aparentar una falsa solvencia para obtener créditos en otros países», explica un especialista en delitos económicos de la Guardia Civil.
«UN PÍCARO ESPAÑOL»
«Lorenzo es el prototipo del pícaro español. Muy mal pagador, siempre tranquilo y con la osadía inculta de la calle. Lo que no me creo es lo del altruismo: Lorenzo Sanz no sabe ni cómo se escribe esa palabra». Lo dice alguien que prefiere guardar su anonimato y coincidió en la junta directiva del Real Madrid con Sanz —tras cuya gestión una auditoría detectó la falta de 350 millones de la caja—.
Leandro Crespo, ex concejal del Ayuntamiento de Madrid por el PSOE, conoce a Lorenzo Sanz desde hace 20 años y alberga una opinión más indulgente: «Es un hombre hecho a sí mismo, muy habilidoso y de reflejos. Es capaz de salir de muchos charcos, pero también de meterse en otros tantos con la misma rapidez. En este momento, su situación económica era muy difícil y seguro que olfateó un buen negocio».
El registro mercantil confirma esta opinión. A nombre de Lorenzo Sanz Mancebo aparecen varias empresas, todas flotando alrededor de una sociedad matriz, Nuada S.A., que presenta un enorme endeudamiento: 80 millones de euros, según el balance de 2006, último presentado en el Registro Mercantil. Y eso que la crisis todavía no había mostrado sus fauces.
Nuada S.A. tiene 12 reclamaciones administrativas de la Seguridad Social por impago, la última con fecha de 27 de agosto. El resto de empresas presentan balances desequilibrados y participaciones cruzadas entre ellas. Inversiones Renfisa S.L., sociedad con la que intentó el desembarco en el equipo italiano del Parma en 2005, está administrada judicialmente desde el pasado mes de junio, cuando se declaró en suspensión de pagos.
A pesar de dedicarse al ladrillo, Sanz es un español más con una hipoteca que apoquinar. Sólo que la de su chalé en Marbella alcanza los 2,5 millones de euros. El empresario reconoce que su situación no es boyante, «como cualquiera que se dedique al negocio inmobiliario». Pero asegura que la semana próxima le llegará de Estados Unidos un pago de 103 millones de dólares que resolverá sus problemas de liquidez.
Sanz llegó a la presidencia del Real Madrid en octubre de 1995, tras el descalabro de Ramón Mendoza. El verano siguiente preparó un equipo de ensueño, con Suker, Mijatovic, Roberto Carlos y Seedorf, adiestrados por el infalible látigo de Fabio Capello.
En aquellas fechas, el nicaragüense Álvaro Robelo, el hombre que abrió las dos cuentas en Córdoba en las que debían depositarse 10.000 millones de dólares, ya era muy conocido en su país. El banco que presidía, el Banco Europeo de Centroamérica, fue intervenido y cerrado por el Estado en 1996, tras descubrirse créditos irregulares y la sospecha de que Robelo estaba transfiriendo depósitos a cuentas suyas en Panamá.
Robelo no dudó en emular a Silvio Berlusconi —al que conocía tras sus 30 años en Italia, país donde fue embajador entre 1990 y 1993— y, como una versión centroamericana de Forza Italia, fundó el histriónico partido Arriba Nicaragua. Su condición de italo-nicaragüense le impidió concurrir a los comicios, pero no coaligarse después con el Frente Sandinista de Daniel Ortega.
Tras su victoria en 2007, Ortega quiso premiar a Robelo con la embajada en el Vaticano. Pero el Estado papal no le otorgó el plácet. Luego optó por la embajada ante Italia. Pero el Gobierno transalpino se negó. Quizás por la retahíla de escándalos en los que aparece el nombre del brumoso Robelo. Desde grandes casos, como el de Telekom Serbia —la compra fraudulenta de la empresa serbia por Telecom Italia, con comisiones ilegales— o Phoney Money —estafa a gran escala con títulos falsos en bancos internacionales—, hasta chapuzas como la expedición de diplomas falsos a italianos por parte de la universidad nicaragüense Paulo Freire. Los aplicados estudiantes no habían pisado Managua ni hablaban español, pero pagaban 1.500 dólares por título. El nexo, siempre el inefable Robelo.
Las embajadas de Nicaragua en Madrid y Roma han negado a Crónica cualquier contacto con Robelo y aseguran haberse enterado de la presunta estafa por la prensa.
«Robelo es un personaje extraordinariamente turbio, pero tan escabroso como hábil: nunca ha sido condenado», asegura Eduardo Enríquez, periodista del diario nicaragüense La Prensa.
Este pasado no le impidió ser nombrado por el propio Daniel Ortega «embajador itinerante para misiones especiales». La prensa nicaragüense se pregunta si los 10.000 millones de dólares que intentó ingresar en una sucursal de Córdoba también eran una «misión especial» del Gobierno. El Nuevo Diario se lo preguntó directamente:
—¿Tiene esto que ver con la recaudación de fondos para la campaña que se acerca? —No, hombre, ¿está usted loco? —Mencióneme dos proyectos de la fundación. —[...] Es una cuestión bien sofisticada que ahorita no me voy a poner a explicar.
Tal como le describen sus amigos, Sanz sigue tranquilo en plena marejada. Dice que sus amigos juristas le han recomendado que se fume un puro. Los preguntados por Crónica también coinciden en que es improbable que Lorenzo Sanz pueda tener consecuencias penales por el caso de Córdoba. En ese caso, sólo le queda elegir mejor a sus amistades la próxima vez.
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