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Son muchas las universidades españolas que, mediante programas de cría en cautividad o investigaciones in situ, se han ocupado de la repoblación del lince ibérico, el felino más amenazado del mundo. Entre ellas, la Universidad Rey Juan Carlos, la Complutense de Madrid o los equipos científicos del propio CSIC. Estos proyectos han mantenido con vida a una especie condenada desde hace tiempo a la desaparición. Algo más de 200 ejemplares, repartidos en dos poblaciones aisladas entre sí y sometidas al peligro de los incendios, enfermedades y límites geográficos, sobreviven gracias al trabajo de cientos de investigadores españoles y extranjeros. No puede hablarse de fracaso, aunque los resultados son lentos y el futuro, incierto. En 2005 nacieron dos cachorros en cautividad, mientras que este año lo han hecho 50.
Pero el plan necesita un nuevo impulso o fracasará. Lo dice esta semana Urs Breitenmoser, profesor de la Universidad de Berna (Suiza) y copresidente del grupo de especialistas de felinos de la Unión Mundial para la conservación de la Naturaleza. Para Breitenmoser, es urgente la reintroducción controlada de linces en otras zonas para reducir riesgos de desapariciones masivas. Esta medida solucionaría el aislamiento genético que padece el lince desde hace años por culpa de la construcción de grandes infraestructuras, que han separado a sus poblaciones.
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