L'Equipe no se anda con rodeos y afirma: «La mentira Armstrong». El diario deportivo francés se siente ultrajado -colabora en la organización del Tour- ante los resultados de la «investigación exclusiva que demuestra que Lance Armstrong consumió EPO durante su primer Tour victorioso, en 1999, contrariamente a lo que siempre ha dicho».
La información prueba que seis de las muestras de orina que se tomaron entonces al ciclista estadounidense y que fueron analizadas desde diciembre de 2004, muestran la presencia «indiscutible y consecuente» de eritropoyetina (EPO), una sustancia prohibida desde los primeros 90, por sus efectos dopantes y por su peligro sobre la salud. El primer positivo del que se informa corresponde a la etapa prólogo de aquella edición del 99, en la que Armstrong se colocó como líder, por delante de Alex Zulle y Abraham Olano.La segunda EPO se detectó en un control en la etapa con final en Sestriere, la primera alpina, en la que el corredor avanzó su victoria final. Cuatro controles posteriores arrojan idénticos resultados.
El Laboratorio Nacional de Detección del Dopaje, dirigido por el doctor Jacques de Ceaurriz, ha detectado esta hormona de síntesis que permite, a través del aumento de glóbulos rojos en la sangre, una mejor oxigenación de los músculos y una mayor resistencia física. Y lo ha hecho con un método de detección validado para los Juegos de Sydney (2000) y asumido por la Unión Ciclista Internacional desde abril de 2001. Las muestras, recogidas en 1999, se tomaron y congelaron con fines médicos, para en el futuro afinar los criterios de aplicación. De ahí la tardanza en los análisis.
Según cuenta L'Equipe, los científicos no podían saber a quién correspondían las muestras porque éstas no eran nominativas, pero el diario ha recorrido la pista de cada uno de los números atribuidos a esas orinas. De los 12 positivos, han podido descubrir el nombre de seis, y todos ellos corresponden a Armstrong. El laboratorio no duda de la validez de los resultados, pero no puede confirmar a qué ciclista pertenecen.
El diario reproduce los justificantes de los controles, con membrete de la Federación Francesa de Ciclismo, donde se observa el nombre del ciclista, Lance Armstrong, el lugar, la fecha, la hora del test, la cantidad de orina extraída (125 ml.), la edad y el sexo del controlado, y un código numérico, la clave para la investigación de L'Equipe, que ha comprobado cómo se corresponde ese código con las orinas ilegales descubiertas en el laboratorio. Todos los justificantes están firmados por el ciclista.
«El campeón extraordinario, el superviviente del cáncer ha entrado en la leyenda a través de una mentira», sentencia el rotativo, asegurando el asunto no tendrá efectos disciplinarios. Lo confirmó la Agencia Mundial Antidopaje. «No podríamos hacer nada, ya que aún no existiamos en 1999. Será muy interesante ver lo que hacen la Unión Ciclista Internacional y la Federación Estadounidense.Y también lo que Lance Armstrong tiene que decir. Si las pruebas son vistas como creíbles, él tiene una obligación de dar un paso adelante y declarar, sobre todo después de haber dicho anteriormente que nunca había usado drogas».
También podría actuar de oficio la Agencia Estadounidense Antidopaje (USADA), que ya sancionó a Michelle Collins, velocista americana que nunca dio positivo, al considerar que existían pruebas suficientes de que hizo uso de sustancias prohibidas.
También reaccionó el director del Tour. Jean-Marie Leblanc considera «creíbles» los descubrimientos de L'Equipe y, aunque aconseja «no gritar con los lobos sin esperar otras explicaciones», dijo en RTL que si la AMA procediera a nuevas investigaciones y hubiera sanciones, el Tour podría «asociarse a los poderes deportivos para reclamar una desclasificación, una sanción».
El ex masajista del Festina, Willy Voet aseguraba ayer que nunca ha trabajado con Armstrong y que no puede decir si se dopó, pero tampoco se explica cómo puede subir el Alpe d'Huez a 25 km/h.Mientras, Eddy Merckx, amigo del inculpado, califica de «periodismo sensacionalista» la información, y añade: «Parece que no es posible un contraanálisis, así que esta historia de 1999 es buscar tres pies al gato. Yo sigo confiando en Lance». No piensa lo mismo Pierre Ballester, coautor del libro L.A. Confidential, les secrets de Lance Armstrong. Las revelaciones de L'Equipe confirman sus sospechas. «Es un icono que se hunde. Si al precio de la mentira ganó un Tour en 1999, ¿no continuó haciendo lo mismo en los seis Tours siguientes?».
Lógicamente, quien desmintió la información fue el afectado.Desde su página en Internet, Armstrong respondió: «Nunca he tomado drogas que favorezcan el rendimiento. Una vez más, un periódico europeo afirma que he sido controlado positivo. Por desgracia, la caza de brujas continúa y el artículo no es nada más que periodismo sensacionalista. Hasta el artículo admite que no tengo ningún modo de defenderme».