CARMEN SERNA
Si hubiera nacido a mitad de siglo, la televisión se hubiera convertido en su espacio natural y todo el mundo le llamaría showman. Al Señor de los botones o al Loco de Matarraña, como mucha gente conocía a Salvador Benítez, lo que más le gustaba era ser el centro de la fiesta.
Por eso, este turolense no escatimaba ni tiempo ni paciencia en fabricarse originales disfraces (sombreros y paraguas incluidos) para convertirse, feria tras feria, en la alegría de la huerta.Y eso que la alegría no reinó en muchas de las etapas de su vida.
Su faceta más popular era la de símbolo del sorteo de la Lotería de Navidad. Cada 22 de diciembre acudía al Salón de Lotería con un traje lleno de décimos o de botones, según el año, para coronarse como el rey de los fetiches y de paso conocer en directo si le tocaba algo del reparto de millones.
Salvador Benítez no acudió en las dos últimas ediciones a la sagrada cita con la suerte y todos sus compañeros se intuían lo peor. Y es que el Loco de Matarraña era toda una autoridad entre los que hacen cola esa mañana de invierno rodeados de sus talismanes para escuchar el sonido del bombo.
Su frase preferida cada vez que un periodista le preguntaba por qué hacía miles de kilómetros para estar en Madrid era que nunca se cansaría de acudir al Salón pues era consciente de que cada vez le quedaba menos tiempo.
Cuando se quitaba el sombrero fabricado por sus propias manos, la vida de Salvador Benítez se convertía en un misterio. Muchos sabían que había luchado en la guerra en las filas republicanas y que había tenido que huir a Francia después del triunfo de Franco. Pero la imagen de la guerra no le abandonó hasta muchos años después. En París, se unió a la Resistencia contra los nazis.Allí le hicieron prisionero y malvivió en el campo de concentración de Mathausen hasta la victoria aliada. Quizá entre sus muros aprendió a reírse de la vida y a disfrutar de las fiestas, un lema que hizo suyo el resto de su vida.
El pasado viernes, el rey de la risa soltó la última carcajada en su casa francesa de Céret, de la mano de su tercera esposa.Su deseo era ser incinerado y que las cenizas fueran esparcidas en su pueblo, junto al río Matarraña al que debe su apodo.
Salvador Benítez, personaje habitual en el sorteo de Navidad, nació en Valderrobles (Teruel) y falleció en Céret (Francia) el 2 de abril de 2004.
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