Schröder y Chirac dieron su felicitación más calurosa a Zapatero por su victoria electoral, frotándose las manos por la derrota de Aznar. Pero una cosa son los buenos deseos y otra, los intereses nacionales. Ayer se pudo constatar en Kildare (Irlanda), donde se reunieron los ministros de Economía de la UE, los problemas que va a tener el nuevo Gobierno español para negociar el presupuestos comunitario para el periodo 2007-2013.
Fue simplemente una primera toma de contacto porque la negociación no va a comenzar en serio hasta después del verano, pero las posiciones quedaron claramente delimitadas. Los tres mayores países de la UE -Alemania, Francia y Gran Bretaña- defendieron la reducción de los gastos del actual 1,23% del PIB de sus miembros a solamente un 1% dentro de tres años. Ello supondría una disminución de más de 20.000 millones de euros en el presupuesto, casi cuatro veces más de lo que España recibe anualmente de las arcas de la UE.
Ni que decir tiene que la propuesta de los tres grandes no sólo dejaría a España sin recibir un solo euro de la UE en el año 2007 sino que además nuestro país tendría probablemente que aportar recursos para los nuevos socios que se van a incorporar dentro de pocas semanas.
El ministro de Economía español se opuso naturalmente al planteamiento de los tres grandes, pero su posición es minoritaria, ya que sólo cuenta para esta batalla con el apoyo de Portugal, Grecia y, tal vez, Irlanda. Holanda, Bélgica y los países nórdicos -todos contribuyentes netos- respaldan a Francia y Alemania.
El argumento de todos estos países se centra en que el Pacto de Estabilidad les exige una política de equilibrio entre gastos e ingresos, por lo que no se pueden permitir el lujo de financiar a otros menos desarrollados. Ello es sólo una verdad a medias, ya que Alemania no tenía déficit presupuestario cuando era el motor de la economía europea hace doce años.
Reducir al 1% del PIB el presupuesto de la UE supone lisa y llanamente prescindir de las políticas de cohesión y dar un profundo recorte a las ayudas agrarias, de las que tanto se ha beneficiado España.
La negociación que viene -al igual que el nuevo sistema de reparto de poder en la futura Constitución Europea- va a poner a prueba la habilidad política de Zapatero y su peso internacional. Son dos grandes asuntos en los que un dirigente debe demostrar su talla a la hora de defender los intereses nacionales, que es lo que casi siempre prima cuando se trata de cuestiones de dinero y poder.
|