El reportaje realizado por Mónica G. Prieto en Diwaniya desbarata uno de los mitos a los que se ha aferrado el Gobierno de Aznar en los últimos meses: que los militares españoles en Irak estaban realizando un trabajo fundamentalmente útil para la seguridad de sus habitantes y para la reconstrucción del país.
Los numerosos testimonios recogidos por esta periodista sobre el terreno ponen de relieve justamente lo contrario: que la Brigada Plus Ultra permanece acantonada para evitar atentados, sin el menor contacto con la población y sin relación con las autoridades locales.
«Que los españoles se vayan cuanto antes», demanda la población de Diwaniya, donde las tropas españolas son cada día más impopulares.Una directora de colegio pide que nuestros soldados sean sustituidos por japoneses o surcoreanos, que, según sus palabras, «ayudan más a la gente»; un periodista denuncia que nuestros militares no se preocupan de perseguir las violaciones, los robos y la delincuencia que crece cada día y una enfermera les acusa de haber incumplido todas las promesas de apoyo a su hospital.Todos coinciden en señalar que las fuerzas españolas están obsesionadas por su seguridad, de suerte que rara vez intervienen en auxilio de la población local.
El trabajo de esta periodista de EL MUNDO corrobora que la única razón real por la que 1.300 soldados españoles permanecen en Irak es por el respaldo del Gobierno saliente a la política de Bush sin que exista justificación o motivación práctica alguna que aconseje prolongar esa presencia militar. Cientos de soldados españoles se hallan todavía en Bosnia y Kosovo, pero nadie cuestiona su permanencia porque están realizando un trabajo útil y reconocido por la población.
Cuando la Brigada Plus Ultra se disponía a partir para Irak, el ministro Trillo aseguró que la zona española era tranquila.Decía la verdad. Ha habido muy pocos atentados en Diwaniya, una zona relativamente pacífica en comparación a Faluya o Bagdad, donde las fuerzas ocupantes son víctimas de continuos atentados.Pero el Gobierno -consciente del coste político de las bajas en una misión masivamente rechazada por los ciudadanos- ha dado prioridad desde el primer momento a la seguridad de las tropas, restringiendo sus movimientos y los contactos con la población, lo que ha provocado ese alejamiento que lamentan los iraquíes.
Parece tarde para cambiar de actitud, ya que los soldados españoles volverán dentro de tres meses si el Gobierno de Zapatero cumple sus promesas. Colin Powell, secretario de Estado de EEUU, afirmó anteayer en Bruselas que su país no tiene intención de ceder a lo largo de este año el mando de las tropas en Irak a la ONU.Ello no deja otro camino al líder socialista español que traer a nuestros soldados a partir del 30 de junio, lo cual no será excesivamente lamentado por los habitantes de Diwaniya.
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