J. BECERRA
Sobran los ejemplos y las pruebas para describirla como un «ángel de la guarda». Desde que, hace tres años, su padre falleció en un accidente de campo, Marisol convirtió a su madre en el centro de sus atenciones. Otro tanto hizo con su hermano Perfecto cuando, hace un año, le diagnosticaron una enfermedad grave a su cuñada.Lo mismo pueden atestiguar de ella en las oficinas de Siemens en Tres Cantos, donde trabajaba desde hace 28 años como secretaria del director general de Recursos Humanos y jefa de Personal.Su discreción y su responsabilidad le granjearon tantos afectos que sus compañeros no dejaron de buscarla por los hospitales de todo Madrid durante los cuatro días que estuvo en paradero desconocido.
Nacida en la localidad conquense de Puebla de Almenara, Marisol vivía en Madrid desde que tenía apenas dos años. Ultimamente, su felicidad giraba en torno a su chalé de San Martín de Valdeiglesias, donde solía pasar los fines de semana con Antonio, su esposo.El también trabajaba en Siemens, aunque en los talleres de Getafe.El pasado 11 de marzo, como siempre, llevó a Marisol hasta la estación de Santa Eugenia, donde tomó el tren que explotó en El Pozo. Su familia exige que el actual gobierno en funciones asuma su responsabilidad por la participación española en la Guerra de Irak y reclama a la ciudadanía que no se olvide lo ocurrido para que las cosas cambien.
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