JOSE MARIA OLMO
Ismael acababa de ser padre por primera vez de una niña que ahora tiene cuatro meses. El y su esposa, Mari Carmen, pasaban el tiempo haciendo planes con el futuro recién inaugurado. Los estudios de su hija, las vacaciones de verano, los años, ellos.
Desde hacía unas seis semanas, Ismael trabajaba en una papelería, en el distrito de Nuevos Ministerios. Solía viajar en coche pero desde que consiguió este empleo en el centro de Madrid se desplazaba en tren desde la estación de Entrevías (Vallecas) para evitar problemas de aparcamiento. Cuatro viajes diarios, porque a Ismael le gustaba comer en casa con su familia. Hasta el 10 de marzo, por las tardes, sobre las 20:45 horas, Mari Carmen caminaba con la niña hasta la estación de Cercanías para esperarlo.
Ismael era un gran dibujante. Transformaba en graciosos cómics todos los acontecimientos familiares y las reuniones con los amigos. También pintaba cuadros, inventaba nuevos cócteles y pasaba horas escuchando música, en especial, copla y otros géneros tradicionales españoles.
Su familia lo recuerda como una persona muy alegre y chistosa, «el preferido de todos», algo tímido en el trato, al principio, pero que, luego, entablaba amistad rápidamente. En su casa, adornada con fotografías de Ismael y algunos de los cuadros que pintó, resuenan profundos los suspiros de su madre y de su viuda.
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