ROMA.-
Centenares de miles de jubilados (un millón, según los organizadores), convocados por los principales sindicatos italianos, protestaron ayer en Roma por la pérdida de su capacidad adquisitiva y la carestía de la vida.
Pancartas, banderas y gritos contra la política económica del primer ministro, Silvio Berlusconi, acompañaron la marcha, que transcurrió con tono festivo desde tres puntos de partida distintos para confluir en la explanada de la basílica de San Juan de Letrán.
En un estrado montado en el punto final de reunión se sucedieron diversas intervenciones, que cerró Giugelmo Epifani, secretario de la mayor central sindical italiana, la izquierdista CGIL, con un «ultimátum» al Ejecutivo. «La paciencia se ha acabado, la indignación está a punto de rebosar. O el Gobierno cambia o no nos representará más», amenazó Epifani.
El líder sindical recordó las últimas movilizaciones contra la reforma de las pensiones, que eleva el tiempo y las condiciones para acceder a la jubilación, y la cuarta huelga general en dos años contra la política de Berlusconi, que se llevó a cabo el pasado mes de marzo.
Los pensionistas pidieron que el Ejecutivo cambie el rumbo para recuperar su capacidad adquisitiva, en un país en el que cuatro millones de ancianos cobran sólo 500 euros al mes.
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