«No a la Agenda 2010», «Dadle el dinero a los enfermos y quitádselo a los bancos», rezaban ayer numerosas pancartas en Alemania. Casi medio millón de personas salieron a protestar en varias ciudades del país contra el desmantelamiento del sistema social, protagonizando una de las mayores movilizaciones de esta legislatura.
La Agenda 2010, el ambicioso programa de reformas socioeconómicas con el que el Gobierno de Gerhard Schröder quiere sacar al país de la crisis, cuenta cada vez con más detractores.
El plan de recortes sobre las prestaciones sanitarias, sobre el seguro de desempleo y las jubilaciones (muchas de las cuales ya se han puesto en marcha) afecta a todos los sectores sociales.
Jubilados, trabajadores, desempleados y estudiantes coparon las calles de Berlín, Stuttgart y Colonia para expresar su disconformidad con la política del Gobierno. Más de 400.000 personas exigían ayer con silbatos reformas «socialmente justas».
La convocatoria, organizada por los sindicatos, así como organizaciones de izquierdas y el movimiento antiglobalización Attac, contó con una afluencia mucho mayor de la esperada. Sólo en Berlín salieron a la calle 250.000 personas, según los sindicatos, doblando las expectativas de los convocantes.
Tres marchas por la capital alemana se dieron cita a las 12 del mediodía bajo la emblemática Puerta de Brandeburgo. Michael Sommer, el presidente de la Confederación de Sindicatos Alemanes, acusó al Gobierno de «cargar la crisis sobre los hombros de los más débiles».
En el centro de Colonia, donde se concentraron en torno a 100.000 personas, el presidente del poderoso sindicato IG Metall, Jürgen Peters, advirtió de que la Agenda 2010 supone un freno para la coyuntura. Peters exhortó al Gobierno a modificar su curso político, que «sólo acentúa los desequilibrios sociales». La tercera ciudad escenario de protestas fue Stuttgart, al sur de Alemania, donde el presidente del sindicato Ver.di (agrupaciones de trabajadores del sector servicios), Frank Bsirske, acusó al Ejecutivo de Schröder de actuar en contra de los intereses de su electorado.
Además de hacer daño a los más débiles, dijo Bsirske, «esta política afecta negativamente a la coyuntura, debilitando la capacidad de compra». La congelación de las pensiones o una reforma del mercado laboral que facilita el despido y limita el subsidio a los desempleados no son medidas clásicamente «socialdemócratas».
Los tradicionales aliados del Partido Socialdemócrata (SPD), las asociaciones de trabajadores, le han plantado batalla al Gobierno y a la oposición, para la que la Agenda 2010 no contempla reformas lo suficientemente drásticas.