Domingo, 4 de abril de 2004. Año XV. Número: 5.231.
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LA ERA POST SADAM
El 'ejército privado' de Irak
EEUU recluta a ex militares, como los asesinados en Faluya, para labores de seguridad
PABLO PARDO. Especial para EL MUNDO

WASHINGTON.- El 3 de octubre de 1993, el cadáver del sargento Gary Gordon fue exhibido por las calles de Mogadiscio, la capital de Somalia, arrastrado por un carro blindado. El incidente marcó el cambio en el sentimiento de la opinión pública de EEUU respecto a la intervención en ese país: a los americanos les bastó con que una milicia entrenada por Bin Laden les matara a 18 soldados para que decidieran echar a correr en Somalia.

El jueves pasado, los estadounidenses vivieron una reedición del incidente de Mogadiscio. Las televisiones habían evitado el día anterior dar imágenes del descuartizamiento y ahorcamiento de los cadáveres de los cuatro contratistas asesinados en Faluya.Pero los periódicos pusieron en primera página las fotos. El fantasma de Somalia ha vuelto a EEUU.

Sin embargo, existe una diferencia trascendental entre Mogadiscio en 1993 y Faluya en 2004. Aunque iban armados hasta los dientes -por eso su coche explotó-, los cuatro americanos descuartizados y colgados del puente no eran soldados. Lo habían sido: tres habían estado en las Fuerzas Especiales de la Marina y el cuarto en la Fuerza Delta del Ejército. Pero lo dejaron para irse al sector privado, en busca de salarios que son, como mínimo, dos veces mayores que los que cobraban del Pentágono.

Ese ejército privado es en realidad la segunda fuerza militar más numerosa en Irak, con unos 15.000 soldados -o mercenarios- en el país, el doble de los que tiene el Reino Unido. Y lo mejor aún está por venir. Cuando EEUU entregue la soberanía al Gobierno títere iraquí en junio, el Pentágono va a tratar de disminuir al máximo su perfil en el país. Eso va a provocar una nueva avalancha de contratistas privados. Y de víctimas. En lo que va de año han muerto por lo menos 21 empleados de empresas de seguridad en Irak.

Los cuatro muertos de Faluya trabajaban para Blackwater Security Consulting, que oficialmente está especializada en «evaluación de seguridad, análisis de riesgos, entrenamiento, equipos móviles de seguridad y soluciones de protección».

Escoltas armados

Con semejante nombre y actividades, parece que estamos hablando de una aseguradora o de una empresa que fabrica trajes ignífugos.Pero, en la práctica, entre las actividades de Blackwater está suministrar escoltas armados a los convoyes que entran en el triángulo suní, donde se concentra la resistencia antiamericana.

La empresa también es la que provee la seguridad de Paul Bremer.Porque el virrey estadounidense en Bagdad no está protegido por tropas estadounidenses, sino por ex soldados americanos en nómina de Blackwater.

Esta privatización de la guerra plantea problemas graves y algunos cuestionan su eficiencia. Los contratistas privados son muy caros y a veces cobran de más. Halliburton, la empresa que todavía paga un sueldo a su ex presidente, y actual vicepresidente de EEUU, Dick Cheney. Halliburton es investigada por el Pentágono por cargar un sobreprecio en la gasolina que distribuye al Ejército de EEUU en Irak.

Otras empresas han estado involucradas en casos de corrupción con líderes locales y con influyentes familias kuwaitíes, lo que amenaza con dinamitar el plan de Washington de acabar con la corrupción de la era de Sadam Husein y demostrar que la democracia en Irak va en serio.

Y, lo que es peor, estas empresas no están sujetas a ningún tipo de autoridad, así que son libres de interpretar de forma muy flexible el Derecho Internacional. Blackwater y otras empresas llevan meses contratando, con un salario de 4.000 dólares al mes, a militares chilenos, algunos con probada experiencia en la era Pinochet.

Los contratistas también tienen el problema de que no son un ejército y, por tanto, están en zonas de máximo riesgo, pero tienen un poder de fuego muy limitado. El resultado es que sus empleados son doblemente vulnerables. En Faluya no había nadie para disparar a los jubilosos habitantes que cantaban mientras descuartizaban a los empleados de Blackwater.

En esos casos, el Ejército es quien debe sacarles las castañas del fuego. Eso irrita a muchos militares, que ven que cobran menos que sus colegas que han colgado el uniforme y se han ido al sector privado, y encima deben encargarse de su protección.Ahora el Pentágono está hablando abiertamente de que va a haber una venganza por lo de Faluya, pero eso va a recaer en manos del Ejército de EEUU.

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