MADRID- «¡Al suelo, al suelo, están en el primero!». Cuando los vecinos del inmueble en el que se refugiaban los terroristas escucharon los gritos de la policía, se dieron cuenta de que los petardos que creían haber oído unos segundos antes eran disparos.
En ese momento, varios niños jugaban en la zona común que rodea las 112 viviendas del bloque. Entre el desconcierto general, varios padres corrieron a recoger a sus hijos. Lo cuentan los vecinos del edificio, entre ellos Alberto M.. Vive dos pisos por encima de los terroristas, y estaba en su casa con su mujer y su hija esperando al resto de la familia para celebrar un cumpleaños.Fue entonces cuando escuchó los disparos y los gritos a través del patio -todas los pisos tienen una fachada exterior y otra al patio-. «Gritaban 'Alá, Alá' y rezos musulmanes». A continuación, por el telefonillo, la policía les avisó de que iban a entrar en un piso y que debían desalojar el edificio.
Alberto se había cruzado con los terroristas en alguna ocasión, pese a que sólo llevaban viviendo en el piso «dos o tres semanas».«Todos iban muy tapados», dice, subiéndose las solapas del abrigo y encogiendo la cabeza. «Siempre llevaban gorro».
Junto a él, H.B.M. se preocupaba de cómo habría quedado su casa.Su dirección es Avenida de Carmen Martín Gaite, 40, 1º 2: era el vecino de la puerta de enfrente. O, como él lo explica, «el que abre la puerta y se encuentra con ellos». Sin embargo, no había llegado a cruzar palabra con los terroristas. Como Alberto, siempre los había notado huidizos.
De madrugada
Sin embargo, sabía de sus movimientos. En las últimas noches, su esposa, a punto de dar a luz, apenas había conciliado el sueño.«Había mucho ir y venir por las noches. Esta noche estuvieron entrando. Primero uno, a la media hora otro, luego otro...».También recuerda que cocinaban comida muy especiada que esparcía el olor por la escalera y que eran muy silenciosos.
Ahora mira hacia su casa y pregunta alrededor si el Gobierno le pagará los destrozos. Se lamenta de la mala suerte que ha tenido con los vecinos. Aún no ha visto la fachada destrozada de su casa. También se queja de los vecinos que le han tocado: la policía ya había acudido anteriormente al piso de los terroristas, cuando la ocupaban varios ciudadanos colombianos implicados en el tráfico de drogas.
A apenas 100 metros de donde se encuentra, en la Plaza de la Música, el Summa y el 112 han instalado dos centros médicos avanzados para atender a los agentes afectados por la explosión y a una docena de vecinos que también resultaron heridos leves.
Luis y Aurelia están ilesos, pero «indignados». También son vecinos del edificio, y aseguran que la policía no les pidió que desalojaran.«Estábamos viendo la tele. De repente, la explosión reventó los cristales y tiró las persianas y a nosotros nos levantó del sofá».Ellos también habían creído que los ruidos de antes habían sido «petardos de los chavales del patio». Anoche, deambulaba nervioso frente a su casa y se desahogaba con los policías que intentaban que se retirase tras el cordón policial: «¡No me han avisado, ustedes no me han avisado!».
Otra de las vecinas que tuvo que ser desalojada de uno de los edificios próximos explicó ayer a Efe que varios policías habían estado durante los dos últimos días por el barrio mostrando fotos de jóvenes con rasgos árabes, en una zona con mucha población inmigrante.
Cientos de vecinos como ella se reunían ayer en las esquinas, rodeando el cordón policial y viendo el desfile de ambulancias, bomberos y coches de policía. Decenas de ellos ya sabían que no podrán volver a sus casas, pero muchos otros preferían trasladarse a casa de familiares hasta que el barrio volviese a la normalidad: «No, no nos han desalojado, pero vamos a estar mucho mejor en otro sitio». Lo decía sin apenas resuello Sheila, marroquí y vecina de la avenida Martín Gaite, con su niño en los brazos y media familia nerviosa corriendo junto a ella.