La sensación ayer en la delegación española tras la reunión informal de ministros de Economía y Finanzas de la UE en Punchestown (Irlanda) era de «relativa satisfacción». Rodrigo Rato no sólo no salió derrotado en sus aspiraciones para suceder al alemán Horst Koehler al frente del Fondo Monetario Internacional (FMI), sino que sus posibilidades son ahora mucho mayores que hace 48 horas.
La decisión del Ecofin fue salomónica y, por tanto, insatisfactoria, pero dejó las espadas en alto para que la decisión final se adopte en la reunión del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD) que tendrá lugar el próximo día 18 de abril. Esa era la última fecha en la que los ministros de Finanzas podían verse antes de la cumbre del día 24 y en la que, por fin, se sabrá quién será el director de la institución financiera más poderosa del planeta.
En principio, Rato y el candidato francés, Jean Lemierre (presidente del BERD) son los nominados oficialmente por el Ecofin. El candidato italiano, Mario Monti (actual comisario de Competencia de la UE) se ha caído del cartel. Y, lo que es aún mejor para Rato, Reino Unido no ha presentado candidato alternativo.
En teoría, la dualidad supone dos opciones distintas. Según la jerga del Ecofin, Rato es el candidato con «perfil político», mientras que Jean Lemierre representa el «perfil técnico».
En realidad, lo que ha sucedido es que Francia, apoyada por Alemania, ha dado la batalla hasta el final y no ha renunciado a colocar a su hombre al frente del FMI, mientras que España ha hecho lo propio con Rato. El ministro de Economía en funciones es un hombre respetado entre sus colegas europeos. Hace tan sólo unas semanas era la «mejor opción», según el prestigioso Financial Times.
Pero el 14-M dio con demasiadas cosas al traste. Entre ellas, las opciones indiscutidas de Rato. Chirac, que no le ha perdonado (y probablemente nunca le perdonará) a Aznar su «traición» al alinearse con Estados Unidos en la Guerra de Irak, estaba esperando una oportunidad como ésta para oponerse a España. Y lo ha hecho con vehemencia.
Francia ya tiene la Presidencia del Banco Central Europeo (Trichet) y eso debería ser suficiente como para que renunciase a nuevos cargos en el selecto club de las finanzas internacionales. Sin embargo, el apoyo alemán ha dado alas a Chirac.
Paradójicamente, ha sido el sobrepeso del eje francoalemán el factor que ha contribuido a generar más apoyos a la candidatura española.
De hecho, la retirada de la propuesta italiana supone que Berlusconi apoyará a Rato, al igual que la mayoría de los países de la UE.
Gordon Brown (el que hubiera sido rival más temido por el ministro español) será el encargado de hacer de hombre bueno. El todopoderoso ministro británico tendrá que realizar consultas para decidir cuál de los dos (Rato o Lemierre) tiene más apoyos para ser el nuevo responsable del FMI.
Que nadie se engañe. Ahora la llave de la decisión la tiene Estados Unidos. ¿Quién será el candidato favorito de Alan Greenspan? O mucho han cambiado las cosas o la Reserva Federal se inclinará por el candidato español.
Es decir, que Rato está situado en muy buenas condiciones para lograr su objetivo.
En la pugna, el ministro español ha sido apoyado decididamente por el que será vicepresidente y ministro de Economía y Hacienda del nuevo Gobierno, Pedro Solbes. Las gestiones del ex comisario de Economía han sido decisivas para que Rato lograra los apoyos necesarios para mantenerse firme ante el empuje francoalemán.
Buena noticia para Rato. Pero, ¿y para el PP? Si el vicesecretario general del PP sale elegido el día 24 como director del FMI, su partido va a perder una de sus mejores bazas para intentar tomarse la revancha del 14-M.
Las ganas que el propio Rato ha puesto a la hora de mantener su candidatura demuestran su poco entusiasmo ante la posibilidad de ser el cabeza de lista del PP a las elecciones europeas. Por esta vez, lo que sea bueno para Rato no va a serlo para el PP.