Domingo, 4 de abril de 2004. Año XV. Número: 5.231.
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Esplendor en la hierba
'Ana Botella. Mis ocho años en La Moncloa' es el libro de memorias de la esposa de Aznar y concejala madrileña.
EL MUNDO

MADRID.- En 271 páginas, más una separata sobre el 11-M en la que resume apresuradamente el sufrimiento de esos cuatro días de marzo. Ana Botella relata en primera persona los recuerdos, vivencias, sentimientos y emociones de su estancia en la sede de la Presidencia del Gobierno, junto a su marido y sus tres hijos. Mis ocho años en La Moncloa ha sido editado por Plaza y Janés

LA MONCLOA

«Desde que nos trasladamos, siempre he pensado que La Moncloa, además de nuestra casa, era un lugar de representación oficial y, por lo tanto, uno de los rostros de España. Entendí que la organización de los almuerzos oficiales, los pequeños detalles, que todo el personal estuviera en el papel que le correspondía era fundamental para que todo fuera sobre ruedas y asumí inmediatamente que yo también tenía que ocuparme, como por otra parte lo había hecho hasta ahora, de mi casa, aunque en este momento organizara en ella en lugar de una cena de ocho personas, una de 80. Uno de los puntos fundamentales de las comidas oficiales es el menú.En La Moncloa trabajan grandes profesionales de la cocina, pero he de decir que a mí también me interesa la cocina y, si bien durante estos ocho años no he tenido ocasión, sí que me he hecho con innumerables recetas que copiaba o solicitaba a los cocineros».

PRIMERA NAVIDAD

«Para mí, las Navidades empiezan el 30 de noviembre con el cumpleaños de mi hijo mayor, José María, siguen con la celebración del aniversario de mi madre el día 1 de diciembre y terminan el 7 de enero, después de pasar unos días en el Valle de Arán. (...)Una vez, uno de los fontaneros monclovitas se pronunció sobre los adornos de Navidad del palacio: en su opinión, los árboles y belenes se habían adelantado un poco en el tiempo. Intenté explicarle el porqué de aquello y continué, lógicamente, con la costumbre de siempre; la misma que aún mantengo». (...) «El 29 de diciembre llegamos al Valle de Arán, donde siempre pasamos los momentos más agradables del invierno. En la montaña también tienes la sensación de que se para el tiempo viendo los picos de los Pirineos recortados en el cielo y si hace un día de sol su reflejo en la nieve, los colores y la sensación de grandiosidad que transmite, te hace comprender que nada es tan perfecto como la naturaleza.Las casas del Valle de Arán, en las que la chimenea siempre está encendida -en la nuestra siempre acompañada de música- te hacen sentir realmente a gusto, en ese estado de perfección absoluta que existe a veces en determinados momentos. Allí mis hijos se sienten bien. La vida se centra en el esquí, la chimenea, la conversación, la lectura y algunas salidas nocturnas».

DOÑANA, TONY Y CHERIE

«Había pasado un año desde nuestra llegada a La Moncloa cuando decidimos ir por primera vez al Parque Nacional de Doñana. En ese momento no sabía que allí iba a encontrar muchas de las imágenes que guardaré en la memoria para toda la vida. (...)Esa noche llegamos tarde y enseguida nos fuimos a descansar. Entonces escuché el sonido del campo, ese ruido que te recuerda dónde estás y que en Doñana es especial, porque los rumores de la noche son muchos y muy variados. Hay multitud de pájaros y animales a los que se oye sin parar. Sonidos que, desde el primer momento, te sumergen en ese universo único que es la naturaleza y te alejan, al menos durante los días que estás allí, del otro mundo en el que vives y todas las reglas que lo rigen». (...) La puesta de sol vista desde el río, con el Coto a un lado y las luces de Sanlúcar de Barrameda al otro, fue ese día simplemente perfecta.No había una nube y todo el cielo se tornó rojo cuando el sol se ocultó tras el mar. (...) Tony Blair, como su mujer, Cherie, son personas cercanas que saben escuchar, que se mantienen apegados a la realidad y que son una familia. Eso lo transmiten. Cherie es una gran profesional de la abogacía. Conocer a los Blair ha sido interesante. Tony Blair lo es como político, pero ambos lo son como personas».

LA CALLE

«Desde que Jose asumió la Presidencia del Gobierno, el correo se multiplicó considerablemente, hasta el punto de que, ocho años después, he podido contar la friolera de 11.538 cartas.Estas cartas han supuesto para mí toda una lección: de ellas he aprendido sobre las preocupaciones de las personas, sus inquietudes o sus problemas con el entorno. A través de los renglones de esas cartas he podido viajar a cada rincón de España; ellas me han permitido conocer lugares y observarlos a través de los ojos de sus gentes». (...) He recibido cartas verdaderamente curiosas en las que preguntaban por el traje que llevaba en una determinada fiesta, o la chaqueta que me puse no sé cuándo; cartas en las que me hacían sugerencias sobre mi peinado o mi forma de vestir...¡Cuántas veces nos habrán escrito para pedirnos la corbata que llevaba Jose en un mitin o una comparecencia!». (...) No me desharé de ni una sola de esas 11.538 cartas. Todas ellas están cargadas de sentimientos y tendrán un sitio reservado en mi nuevo hogar».

ALEGRIAS

«Cuando el 12 de marzo del año 2000 me desperté, lo hice con la conciencia de que empezaba un día muy importante en la vida de mi marido y, por tanto, en la mía y en la de mis hijos. (...)Cuando almorzábamos, mi hijo Alonso suspendió de un plumazo toda la trascendencia ambiental con esa simplicidad de la que sólo son capaces los niños: «Papá, si perdemos, ¿cuántos días tenemos para hacer las maletas?» (...) «Cuando se conoció la mayoría absoluta, las caras de todos eran de felicidad y asombro. A mis hijos y por supuesto a Jose se les notaba felices. En cuanto a mí, la paz era el sentimiento que en ese momento prevalecía sobre los demás». (...)«Para mí fue muy emocionante lo que mi hijo mayor le comentó a su padre: 'Me siento orgulloso de ti', le dijo. Mi hija Ana no decía nada. Es tan incondicional de nosotros que para ella cualquier resultado hubiera sido bueno, pero en su cara se reflejaba la alegría». (...) «La salida al balcón de Génova fue un momento mágico e irrepetible. Veíamos el cielo de Madrid, las banderas del PP y las de España. El calor de las personas que había allí se transmitía, sin ninguna duda, como si cada una individualmente te lo hiciera llegar». (...) Fue una noche feliz: se cerraba una etapa y empezaba otra nueva.Cuando nos quedamos solos, supimos que esa noche era irrepetible».

LA BODA

«Fue en Madrid, a la vuelta de las vacaciones, donde decidimos qué boda queríamos hacer. Sólo había dos posibilidades: o una boda estrictamente familiar o, de no ser así, ya pasábamos a un gran número de invitados, como finalmente sucedió. Pasado todo este tiempo, tengo que decir que aún la hubiera hecho más grande. Viéndolo con la perspectiva del tiempo, me hubiera gustado haber compartido ese día con algunos amigos más, pero, para ser sincera, me asustó la organización». (...) «Todos bajamos al jardín para hacernos las fotos mientras esperábamos a la novia y sentíamos que, pasase lo que pasase, todo estaba hecho ya.Cuando, al fin, mi hija apareció vestida de novia, su padre y sus hermanos se quedaron fascinados. Para mí significaba ver el final; como todas las madres yo participé desde el primer momento, primero pensando en el traje y, por último, retocando pequeños detalles». (...) La imagen de mi marido y mi hija entrando en la basílica por el fondo del monasterio quedará siempre como un recuerdo imborrable en mi memoria».

PEREJIL

«Nos acostamos tarde, sobre las cuatro de la mañana, y rezamos por los soldados que tomarían la isla dos horas más tarde. Fue uno de los momentos en los que más preocupado he visto a mi marido.Era una gran responsabilidad y una decisión que estaba obligado a tomar solo. Si la operación no culminaba según lo previsto, el presidente había decidido presentar su dimisión. (...) «¡Quién me iba a decir a mí cuando entramos en La Moncloa que una de las cosas que iban a pasar es que un islote español perdido en el Mediterráneo y que se llama Perejil iba a ser invadido por los marroquíes!».

LA SUCESION

«Durante el mes de agosto en Menorca, a pesar de tener su decisión tomada tanto en el fondo como en la forma, Jose estuvo ciertamente melancólico. El cansancio del año pasaba factura. Pero, además, había un punto delicado en el proceso: Jose tenía que tomar una decisión y tan difícil era proponer a uno como dejar de proponer a otros». (...) «La última persona con la que habló fue con Mariano Rajoy. Esa noche del viernes, cuando Jose subió a casa, estaba realmente cansado, sobre todo psíquicamente». (...) «Ese día (el lunes 1 de septiembre) aún reservaba otro momento especialmente emocionante. Por la noche cenamos en casa con Rodrigo Rato y...¿qué podía yo decir entonces? (...)Jose y Rodrigo recordarán siempre esa cena. Hablaron como dos amigos de verdad, algo que es casi un milagro después de todo lo vivido». (...) «Y más lágrimas salieron de Ana cuanto le conté los detalles de cada momento.Cuando aún vivía en casa, a las dos nos gustaba de vez en cuando pasar la tarde de un domingo de invierno envueltas en sendas mantas y viendo una película de las que te hacen llorar, así que le propuse el mismo plan, pero esta vez con la cinta del Comité Ejecutivo y de la Junta Directiva Nacional».

(...)«Al regresar a La Moncloa, una nueva puesta de sol volvió a fascinarme. El jardín de la que aún era nuestra casa nunca estuvo tan bonito.(...) «Las puestas de sol de La Moncloa son especiales, el sol se pone por detrás de la sierra, y, por si fuera poco, durante ese mes de septiembre todos los atardeceres fueron de un rojo tan intenso que hacía que el resplandor se mantuviese incluso después de ponerse el sol». (...) «Aproveché alguna tarde para ir a la que iba a ser nuestra nueva casa y en ella empecé a encariñarme con los atardeceres que se ven desde allí. No se pone el sol detrás de la sierra, pero sí detrás de un pequeño bosque». (...) «Me imaginé cómo estarían en septiembre las plantas de lavanda que quiero plantar en la parte delantera de mi casa y las adelfas blancas que plantaré detrás».

BUSH Y LAURA

«Mi marido, como presidente del Gobierno, mantuvo una estrecha relación con George W. Bush desde que éste accedió a la Presidencia de Estados Unidos. (...) «El 12 de junio de 2001, conocí a Laura Bush. Ella es bibliotecaria de profesión y había pedido visitar la Biblioteca Nacional. La acompañé y observé su interés por la cultura española. Laura Bush es tremendamente amable y transmite serenidad. Seguro que esa virtud es de gran importancia para quien vive con la persona que todos los días toma decisiones que pueden tener influencia en una gran parte de la Humanidad».

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