MARIA RAMIREZ. Especial para EL MUNDO
NUEVA YORK.-
Cuando Naciones Unidas, que no ha tenido ningún poder en Irak desde el principio, lleva casi seis meses fuera del país y su enviado especial tiene sede en Nicosia (Chipre), ninguna resolución del Consejo de Seguridad cederá a la ONU la autoridad que pide José Luis Rodríguez Zapatero, según insinuó ayer el secretario de Estado de EEUU, Colin Powell.
«El nuevo primer ministro español dice que retirará sus tropas a no ser que haya una nueva resolución que dé a la ONU el control político», explicaba Colin Powell, de regreso a Estados Unidos después de su reunión en Bruselas con los nuevos miembros de la OTAN, «no creo que ninguna resolución de la ONU llegue tan lejos, pero el Gobierno español es soberano, libre de hacer su propio juicio y nosotros respetaremos ese juicio».
Powell confía en una nueva resolución antes del 1 de julio para que la organización se implique más en la reconstrucción y ayude en la transferencia de poderes. En ningún caso, el llamado «papel vital» de la ONU se convertirá en un poder militar y político.Siete meses después del atentado contra la sede de Naciones Unidas en Bagdad, donde también murió su enviado, Sergio Vieira de Mello, y cuando las bajas siguen aumentando, ni Kofi Annan aspira ahora a un mandato de la ONU.
Tras meses criticando las resoluciones de EEUU, que mantenían el poder para los ocupadores, el secretario general de la ONU pide «garantizar la seguridad» antes de que la organización se plantee volver a Bagdad. Annan ya ha excluido incluso la presencia de cascos azules en Irak.
Powell parece asumir ya la salida española de Irak. «Según su palabra, está planeando retirar las tropas», comentó el secretario de Estado en el avión de vuelta a Washington. «Espero que el nuevo ministro, una vez tome posesión, reconsidere la situación y que tal vez llegue a una conclusión diferente», dijo Powell, «pero él sólo responde ante los españoles».
«Los americanos son los únicos que conocen la situación en el terreno. Son los que han estado a cargo todo este tiempo y la ONU está fuera del país. Que asuma el poder político en tres meses es simplemente impensable», explicaba a este periódico un diplomático de Naciones Unidas. La misión española ante la ONU aún está tratando de «subsanar» la hostilidad de los miembros del Consejo de Seguridad por haberlos presionado el 11-M para que aprobaran una resolución de condena a ETA, algo insólito para una organización que nunca nombra a grupos terroristas (ni siquiera lo hizo el 11-S). El viernes, el embajador español, Inocencio Arias, pidió «perdón» en una carta a sus colegas: «España presentó una petición ante el Consejo de Seguridad, formulada horas inmediatamente después del ataque y de la que ahora me arrepiento», escribe Arias. El embajador alemán, Gunter Pleuger, presidente de turno del Consejo y uno de los más críticos con las presiones de Madrid, dio por «cerrado» el «caso» con España.
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