España ha perdido definitivamente la batalla de la información en Diwaniya, la capital de provincia donde está acantonada la Brigada Plus Ultra desde hace ocho meses con la misión de controlar la seguridad y el compromiso de cooperar en la reconstrucción de la zona.
«Para lo que hacen por nosotros, preferimos que se vayan de aquí cuanto antes», dicen con unanimidad los pobladores de Diwaniya, que acogieron la llegada española con júbilo el pasado mes de agosto, confiando en la afinidad que, a priori, pueda existir con soldados mediterráneos. Ocho meses después, les tachan de asustadizos y les acusan de mantener una actitud fría y distante con la sociedad civil, además de no conocer las necesidades de la población.
«No tenemos ninguna conexión con ellos porque no se esfuerzan por lograrla», afirma Hassan Husein, un maestro de escuela de Diwaniya que admite haber quedado muy desengañado con el comportamiento de la brigada Plus Ultra.
«En los primeros meses de posguerra, los norteamericanos que se asentaron en Diwaniya jugaban con los críos y trataban de acercarse a los adultos; los españoles, en cambio, son muy cerrados y no les gusta el intercambio cultural», prosigue Hussein.
De las dos docenas de entrevistados por este diario en las calles de Diwaniya -pertenecientes a un amplio abanico social y profesional- ninguno expresó su deseo de que los soldados españoles renueven su estancia en Irak, más bien lo contrario. «Nos prometieron ayuda escolar y material deportivo, pero nunca nos ha llegado nada. No vemos que trabajen por nosotros, aunque hemos oído que, en Samarra, los soldados japoneses ayudan mucho a la gente. ¿No podrían ser sustituidos por los japoneses o los surcoreanos? A los españoles sólo les preocupa su propia seguridad», se lamenta Nadie Jabbar, directora del colegio femenino Al Manahel de Diwaniya.
«Esperábamos que la ayuda comenzase en las escuelas, porque eso supondría el inicio de la cooperación cultural entre España e Irak, pero nos han decepcionado», continúa la directora de Al Manahel. Sobre el papel, los proyectos de cooperación emprendidos por España a través de la Cooperación Cívico Militar (CIMIC) -el organismo encargado de canalizar las ayudas y distribuirlas de acuerdo a las necesidades de la población- son numerosos: se han rehabilitado 30 escuelas, el polideportivo y el instituto técnico de la ciudad, se han mejorado cualitativamente los medios sanitarios del Hospital General y se han construido 17 plantas potabilizadoras de agua, entre otras cosas. «Sólo en la región de Qadissiya [cuya capital es Diwaniya] hay 138 proyectos terminados, 76 en curso y 41 pendientes», detalla el teniente coronel Guillermo Novelles, responsable de información de la Brigada Plus Ultra.«En Nayaf, 170 han sido concluidos, 76 están en marcha y aún quedan por determinar ocho proyectos», añade. Pero, o bien España no sabe venderse, o bien las ayudas no están repercutiendo realmente en la población civil.
Tras la caída del régimen de Sadam Husein, antes de que se aprobase el envío de militares españoles a la antigua Mesopotamia, fueron los marines estadounidenses los que se establecieron en la región de Qadissiya. Esta fuerza, vista con ojos especialmente desfavorables en todo el país -se les acusa de ser violentos y arrogantes en sus operaciones militares- ahora es añorada en Diwaniya.
Además, buena parte de la reconstrucción emprendida en la ciudad se ha financiado con capital estadounidense. «El 90% de todo lo rehabilitado se ha hecho con dinero americano, y sólo el 10% con dinero español», explica Haidar Hamza, periodista del Diario de Diwaniya. «Sencillamente, preferimos que no estén aquí, que vengan japoneses o americanos», prosigue.
«Ni siquiera nos dan un buen trato, están siempre aislados en la base. Los americanos organizaban fiestas, actos, pequeñas cosas que nos daban esperanzas, pero a los españoles nadie les echará de menos», afirma por su parte la doctora Shir in Ali.«Esperábamos grandes cosas, pero ni siquiera existe una comunicación directa ente las autoridades locales y las tropas españolas.¿Para qué nos hacen promesas que nunca cumplen si ni siquiera saben qué necesita la gente?», se interroga Busra, madre de una alumna del colegio de Al Manahel.
Uno de los lugares donde sí se puede apreciar a simple vista el destino de los fondos españoles es el Hospital General, que en los últimos meses ha recibido aparatos de rayos e incubadoras, y ha visto reparado el servicio de cocinas y los ascensores, así como las calderas, entre otras cosas. Sin embargo, los médicos, enfermeros y pacientes del centro consultados por EL MUNDO coincidían en acusar a las tropas españolas de incompetencia. «Pintaron los muros de los colegios y limpiaron la basura que había en el hospital, pero por lo demás sólo hacen promesas y más promesas.Nos dijeron que nos darían seguridad, pero yo no me atrevo a salir sola a la calle. Si cumplieran, la gente les apreciaría, pero aquí cada vez están más enfadados con ellos», explica Sheima Basil, una enfermera del centro.
Hace pocos días, una manifestación de desempleados en la vecina Nayaf, también bajo responsabilidad española, tuvo que ser dispersada con disparos al aire por dos blindados de la brigada Plus Ultra.Entonces, el riesgo de la misión cambió: a partir de ahora, los legionarios que patrullan las dos regiones en un intento de asegurar las mismas tendrán que enfrentarse, además de a potenciales insurgentes, a protestas civiles. Lo ocurrido en Nayaf podría repetirse, e incluso agravarse, en Diwaniya, de cumplirse las amenazas de la población. «El problema de la inseguridad crece cada día en nuestra ciudad, hay violaciones y robos, pero los españoles sólo se protegen a sí mismos. Los únicos que se preocupan por nosotros son los policías iraquíes, menos mal que esta es una ciudad tranquila», explica por su parte Adnan Hadi, maestro de un colegio de primaria masculino.
Y la policía iraquí tampoco tiene una gran imagen de la efectividad de la Plus Ultra. «Cuando hay protestas se van corriendo; se limitan a pasear por la ciudad con los tanques cuando las cosas están tranquilas», asegura un oficial en la estación central de policía. Este extremo fue confirmado, el pasado mes de octubre, por los legionarios de la Plus Ultra I, quienes denunciaban no poder intervenir en las situaciones más conflictivas -para las que, en teoría, están destinados-, siguiendo órdenes del Ministerio de Defensa.
El responsable de la policía de Diwaniya, el brigada Amid Hamid Abed, coincide con el juicio de su colega. «Nosotros esperábamos mucho más de los españoles», explica. En teoría, un vez que se transfiera el poder a las autoridades provisionales iraquíes serán las fuerzas locales las que se hagan cargo de la seguridad, pero los agentes de Diwaniya no se sienten capacitados para ello.«Los españoles están entrenando a las Fuerzas de Defensa Civil, pero nosotros no tenemos armas y tenemos pocos coches. Somos 4.000 policías en toda Qadissiya, pero sólo tenemos seis walkie-talkies para comunicarnos entre nosotros. ¿Cómo pedir ayuda?».
«Hemos solicitado recursos, pero no nos ha llegado nada. Los españoles se limitan a apoyarnos, por lo cual no nos afecta su retirada o su permanencia en Diwaniya. Que se vayan si quieren, pero al menos que nos dejen sus armas», concluye el brigada entre risas.