El fue quien empezó la racha triunfal del Barça que lo llevó a instalarse, con nueve victorias consecutivas, en las anheladas plazas de Liga de Campeones. Con su ya lejano gol en el Sánchez Pizjuán de Sevilla, Patrick Kluivert dio los tres primeros puntos de una serie espléndida.
Las paradojas del destino, no obstante, quisieron que la trayectoria del Barça se viera detenida justo cuando el delantero holandés regresó a los terrenos de juego, después de una larga y enigmática lesión en su rodilla izquierda, que se prolongó mucho más de lo que los servicios médicos azulgrana estimaron en principio.
Kluivert apareció anoche sobre el césped a falta de 20 minutos para la conclusión. Y fue recibido con una ovación que hacía tiempo que no recordaba. Aplausos tan distintos de aquellos pitos que, meses atrás, le llevaron a afirmar que estaba dispuesto a abandonar el club.
El holandés se plantó sobre el campo, algo gordito, y a los dos minutos estuvo a punto de poner el Camp Nou a sus pies. Recibió un balón en el borde del área pero se mostró lento, algo pesado y pasado de forma. No pudo marcar un tanto que hubiera igualado la racha de diez victorias que, en la temporada 1955-56, establecieron nombres míticos del barcelonismo como Ramallets, Biosca, Suárez, Manchón y, sobre todo, Ladislao Kubala.
Frank Rijkaard, ya después del encuentro, conminó a Kluivert, al igual que al resto de los delanteros, a que cojan la forma lo antes posible: «Ha estado lesionado mucho tiempo», fue su lacónico comentario cuando se le preguntó por el rendimiento del holandés.
Más allá de Kluivert, el entrenador del Barça se lamentó reiteradamente del tropiezo de su equipo, que lo deja demasiado lejos de Real Madrid y Valencia para motivarse en este tramo final de Liga: «La Liga se pone muy difícil, y nos sentimos mal», dijo. Rijkaard calificó el juego de su equipo de «monótono» y aceptó que le cuesta romper las defensas rivales. Añadió que los compromisos internacionales condicionaron el duelo de anoche.
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