Con un Cristo yacente y la Dolorosa a su espalda, en el marco de la catedral neoclásica de Bogotá, Diego El Cigala estrenó La pasión según San Mateo, versión flamenca de Javier Limón de la obra de Juan Sebastián Bach. La pésima acústica del templo quedó compensada por la bella puesta en escena y el respeto casi reverencial que las 1.700 personas que abarrotaban el templo mostraron hacia el cantaor.
No pudieron escuchar bien la desgarradora voz de Diego, ni siquiera las palabras que recitó el actor Humberto Dorado, interpretando a San Pedro, ni las del Coro Juvenil Andino de Colombia, ni las del grupo de El Cigala, ni los compases de la excelente guitarra de Niño Josele o los de la buena orquesta sinfónica de Bogotá.El ensordecedor eco de la iglesia los arrastraba totalmente.Aun así, mantuvieron completo silencio durante el concierto sinfónico para voz flamenca, que contiene tres movimientos de la vida de Jesús con sus discípulos, su muerte y su resurrección, y aplaudieron, en pie, al final.
«La voz del Cigala es extraordinaria, o eso adivino, pero aquí se perdió. Creo que hay una buena obra y así lo ha entendido la gente, pero habrá que esperar a escucharla en otro recinto para juzgar», comentó Fernando Toledo, crítico musical del IX Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, en donde España, con dos obras flamencas y dos de vanguardia, es país invitado de honor.
«Es un compendio de todas las religiones, porque el flamenco es la fusión de tres culturas, es como lavarnos el alma», dijo Fanny Mickey, actriz, promotora y alma del Festival. «Aunque suene a tópico, yo sí creo que estas obras contribuyen a apaciguar la violencia del país».
El arzobispo de Bogotá, monseñor Pedro Pubiano, la encontró «excelente, una bella armonía entre la filarmónica y el flamenco. Es una versión de la Pasión bien interesante y el texto leído es muy bueno». Su presencia y la de otros clérigos y monjas, contrastaba con la fuerte polémica que surgió 18 años atrás, cuando la Iglesia intentó boicotear el primer Festival porque violaba el recogimiento de la Semana Santa, y luego estuvo ausente de muchos otros.
Pese a los problemas de sonido y de las múltiples dificultades que surgieron en los ensayos con la orquesta, Diego El Cigala se mostró contento. «A pesar de esos problemas yo me he sentido bien, satisfecho. Ha sido todo un poco precipitado, pero la orquesta va perfecta», explicó El Cigala al finalizar el concierto.
La idea de componer la Pasión le rondaba por la cabeza al madrileño Javier Limón hace tiempo. «En nuestro gueto siempre estamos investigando y siempre quisimos hacer algo sinfónico. Escogimos este guión porque nos parece muy flamenco. Hay tres culturas, como en el flamenco, tres músicas, tres armonías. Es un traje hecho a la medida de mi compadre», comentó el compositor.
Tras el estreno mundial, El Cigala realizó anoche una función gratuita en la plaza Simón Bolívar, en pleno corazón de Bogotá.Su intención es llevar la obra a La Maestranza de Sevilla, a La Alhambra y, más adelante, a las ruinas de Masada en Israel, para compartirla con árabes y judíos.
Sara 'Pineda' Baras, lleno a rebosar
Hay tres factores que distinguen al Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá de otros similares que se celebran en diferentes ciudades del planeta. Su gran variedad, la multiplicidad de obras y el elevado número de espectadores que agota las localidades en casi todas ellas, amén de la exquisita calidad. Todo ello, además, en un país acosado por la violencia.
En esta IX edición, España, invitado de honor, está logrando hasta la fecha un enorme éxito. Sara Baras, con su 'Mariana Pineda', no sólo abarrotó el Jorge Eliécer Gaitán, un recinto para 1.400 personas que muy pocas veces se llena en esta ciudad, sino que todos los días acabó su interpretación con el público entregado a su arte, aplaudiendo entusiasmado, de pie, durante largos minutos.
Sara Baras y Diego 'El Cigala' participaron también en uno de los espectáculos cumbres del Festival, celebrado el pasado miércoles: la despedida de Colombia de la genial Chavela Vargas, que cuenta ya con 82 años.
Además de los españoles, destacan la preciosa composición taiwanesa 'Canciones de los caminantes', una manifestación de sensaciones en donde cuatro toneladas de arroz, que caen sobre el escenario, comparten protagonismo con los bailarines; o, por citar otro ejemplo, la eslovena 'Cien minutos', una muy dura y provocadora interpretación de las divisiones que causan las guerras.