SANTOS SANZ VILLANUEVA
En vísperas de los galardones literarios más conocidos, es deporte barato hacer quinielas. En la mía de este año para el Premio de la Crítica figuraban las novelas de Rafael Chirbes, Jesús Ferrero y J.A. González Sainz, y la última colección de relatos de Juan Eduardo Zúñiga.
González Sainz ha sido el gran descubrimiento del pasado año, con Volver al mundo, una de esas novelas que sólo aparecen de tarde en tarde. Los libros de Chirbes y Ferrero (Los viejos amigos y Las trece rosas, respectivamente) son de gran mérito y señalan la madurez de sus autores. En cuanto al Zúñiga de Capital de la gloria, patentiza las excelencias que ya le han acreditado como gran narrador, uno de los mejores de toda la postguerra, un veterano cuyo esmerado y poético lenguaje se desveló hace 40 años en El coral y las aguas.
El jurado de la Crítica premia un libro, y el de Zúñiga es excelente, pero supongo que también ha querido reconocer esa trayectoria de narrador y ensayista parsimonioso, de una gran exigencia.Tienen los relatos de Zúñiga la virtud de juntar la calidad de página y el rigor de la construcción con una alerta crítica y solidaria. También revelan una escritura al margen de modas, la de un autor independiente incluso de los realistas sociales con quienes estaban sus simpatías políticas en los duros años del franquismo. Nunca ha hecho concesiones populistas y siempre ha evitado el alegato directo. La prosa de Zúñiga se decanta por un realismo simbólico, más dado a insinuar que a declarar.La realidad, además, en los escritos de este madrileño suele conservar un sugerente grado de extrañeza.
Capital de la gloria (Ed. Alfaguara) es un libro amargo y triste que habla de nuestra guerra civil. Tiene 10 relatos intensos y emocionantes en los que triunfa la verdad sobre la retórica.Por sus páginas, palpitantes de vida, brota, escueta y clara, la existencia diaria, la de los afanes corrientes y perentorios de la gente común en una circunstancia excepcional. Bajo las bombas que caen sobre Madrid, la vida sigue con un vivaz repertorio de vivencias: miedo, privaciones, ilusiones... Los personajes oponen a la muerte que les asedia un impulso salvador, buscan el placer, sueñan con la felicidad.
Zúñiga cuenta con el aprecio incondicional de un amplio número de lectores, pero es poco conocido por el público mayoritario.He aquí una buena oportunidad, el pretexto que hace falta en una sociedad cada día más condicionada por la dictatorial propaganda, para recomendar su lectura. La del libro premiado o de cualquiera de los anteriores del autor: Largo noviembre de Madrid, otro emocionante y personal conjunto de vivencias de la guerra; Misterios de las noches y los días, inquietante acercamiento a lo incomprensible que nos rodea: o Flores de plomo, una dramática recreación del suicidio de Larra. Toda la escritura de Zúñiga, un entusiasta de la aparente sencillez, responde a una misma exigencia de calidad.
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