PREGUNTA.- Quisiera que me ayudase a aclarar unas dudas que me están matando. A mi madre la operaron de un cáncer de mama en el año 2005. Después de la operación le estuvieron dando quimioterapia y radioterapia y hasta el 10 de agosto de 2007 ha estado de maravilla. A partir de esta fecha empezó a sentir un pequeño temblor en la mano izquierda, en la boca y el ojo, como si le fuese a dar algo pero le duraba unos segundos y se le quitaba.
Fue a Urgencias, donde le diagnosticaron una metástasis en la parte derecha de la cabeza de dos cm. Estuvo ingresada desde ese día con un tratamiento fortísimo. A raíz del tratamiento se sintió mucho mejor y decidieron operarla (aunque ella no quería). Quizás si no se hubiese operado aún estaría aun viva. A raíz de la operación se quedó postrada en una cama a consecuencia de un sangrado que tuvo en el sitio de la intervención.
No le pudieron pinchar heparina ni nada parecido porque decían que volvería a sangrarle la herida.
Todo esto le sucedió en el hospital. Al cabo del tiempo vieron que iba un poquito mejor y la mandaron a casa, evidentemente, sin moverse de la cama. Sólo permaneció en casa un día, después de almorzar empezó a sentirse mal, se ahogaba, le faltaba aire, las uñas se le pusieron moradas, vino la ambulancia y se la llevó al hospital. Alli nos dijeron que no había salvación alguna, que tenía unos trombos que le estaban subiendo a los pulmones y que lo único que podían hacer era darle una habitación individual para que pudiéramos despedirnos de ella en la intimidad.
Le dosificaron morfina (sería a las 12 de la noche) y murió a las 5.30 de la madrugada. Desde ese momento, no duermo, no vivo, y mi padre dice que él firmó la muerte de su mujer. Me pregunto si el cirujano no debería de haberla operado o si hubo negligencia del personal de la planta en la que estuvo ingresada después de la operación.
RESPUESTA.- Lamento mucho lo que les está sucediendo a usted y a su padre. Cuando acontece una muerte imprevista, pasa a veces que no se puede aceptar de ninguna manera, es intolerable achacarlo a la mera fortuna y tiene que haber algún culpable. En ocasiones se busca el error entre los médicos y, en otras ocasiones, en el interior de uno mismo.
Desde luego que si se hubiera sabido lo que iba a suceder, nadie hubiese operado a su madre. Pera ésa no es la cuestión, pues la vida no nos desvela jamás qué nos depara al minuto siguiente. La única pregunta relevante es si, en aquel momento, con aquellos datos, se podía o debía haber hecho otra cosa. Creo que no. Su madre fue diagnosticada de una metástasis cerebral única dos años después de operarse el tumor de la mama. Ante una situación así, lo que cualquier oncólogo recomendaría si el caso fuese el de su propia madre es extirpar la metástasis, si fuera posible, y radiar el cráneo a continuación. La razón es que las metástasis cerebrales son mortales aunque se las trate con quimioterapia o con radioterapia, mientras que la cirugía ofrece un porcentaje de curaciones pequeño, pero real.
Por desgracia, las intervenciones médicas tienen riesgos, y los de la neurocirugía cerebral no son despreciables. Las hemorragias postoperatorias y las embolias pulmonares son dos de las complicaciones más frecuentes de este tipo de operaciones. Quizá solo sean dos o tres de cada cien las personas afectadas y, aun así, sólo unas pocas llegan a morir por ello. Pero esto es poco consuelo para la familia a la que le ha tocado.
El duelo es el lento y doloroso proceso por el que uno se hace a la idea de la ausencia de un ser querido. Es un camino largo que no hay más remedio que recorrer por uno mismo. Algunas personas no llegan al final y se quedan eternamente presas en el círculo vicioso de un duelo patológico, siempre buscando un culpable que no existe, siempre remordiéndose la conciencia. Si uno se encuentra en un hoyo semejante, es posible que no sea capaz de salir por sí mismo y necesite la ayuda de un especialista. Si su consulta viene desde algún punto de España, le recomiendo que consulte a uno de los psicooncólogos de la Asociación Española Contra el Cáncer.
Ricardo Cubedo
Especialista en Oncología de la Clínica Universitaria Puerta de Hierro de Madrid
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