PREGUNTA.- Aunque actualmente disponemos de muchísima información, en numerosas ocasiones nos encontramos con que ésta aparece de forma sesgada o es poco concreta y poco fiel a la realidad, provocando en algunas ocasiones alarma innecesaria y en otras, una diligencia que sería evitable si los ciudadanos tuviésemos la oportunidad de optar a información cierta y no especulativa.
En mi caso particular, empecé a pensar que nada era seguro cuando estaba embarazada, y ahora que mi hijo tiene menos de un año me agobia la gran cantidad de riesgos que desconocemos y a los que nos enfrentamos respecto a sustancias cancerígenas y tóxicas. Me gustaría que me indicase, si es posible, qué fiabilidad tiene el considerar como carcinógenos una serie de posibles riesgos con los que convivimos:
-la exposición a radiaciones no ionizantes, especialmente el horno microondas. ¿Qué precauciones podríamos seguir?
-el tóner de la impresora. Contiene negro de carbón, clasificado como carcinógeno, pero las marcas comercializadoras indican que su producto no tiene efectos nocivos.
-los colorantes alimentarios y edulcorantes a los que se ha atribuido efectos nocivos a nivel carcinógeno y que consumimos en muchas ocasiones sin tener conocimiento de ello.
-algunos productos de limpieza a los que también se ha atribuido propiedades perniciosas.
Entiendo que son temas controvertidos y que todo dependerá de su forma de uso, exposición, etc., pero agradecería saber con qué posibles enemigos estamos conviviendo día a día para poder prevenir determinados riesgos.
RESPUESTA.- En mi opinión, todas estas noticias acerca de los graves riesgos que entraña prácticamente todo cuanto nos rodea carecen de evidencia; no sirven para prevenir un solo cáncer, pero sí para alarmar a miles de personas sanas.
Los electrodomésticos dan lugar a campos electromagnéticos, una clase de radiación que llamamos no-ionizante, para distinguirla de la radiación ionizante, como la de los rayos X o la radiación nuclear. Las microondas que sirven para calentar la leche también son de esa clase. No existe ningún mecanismo físico o biológico por el que se pueda justificar que las radiaciones no-ionizantes sean cancerígenas. Hay experimentos de laboratorio para aburrir, pues es muy fácil exponer un cultivo celular o un animal de laboratorio a campos electromagnéticos o microondas, de la intensidad que uno desee y durante tanto tiempo como sea preciso. Lo cierto es que, hasta ahora, nadie ha demostrado convincentemente que sea capaz de transformar en maligna una célula normal, ni de producir un cáncer en ratones, mediante este procedimiento.
Pienso que el mero sentido común es más útil que una larga perorata científica para tranquilizarnos. Si fuera cierto que los aparatos de microondas, los teléfonos móviles, el tóner de las impresoras, los aditivos alimentarios o los productos comunes de limpieza tuvieran algún efecto real sobre el cáncer en las personas, las enfermedades malignas serían hoy en día mucho más frecuentes que antaño, cuando nadie estaba expuesto a esas influencias. Muchas personas están persuadidas de que el cáncer cada vez es más frecuente, pero la verdad es justo la contraria; en la mayor parte del mundo occidental, la incidencia global del cáncer permanece más o menos estable con una tendencia ligera a disminuir. El único cáncer que crece acusadamente es el de pulmón en las mujeres, a causa de su incorporación al hábito de consumir tabaco durante las décadas pasadas.
Por otro lado, si bien la influencia de todos esos elementos que usted ha mencionado podría ser pequeña en la vida cotidiana, tendría que ser mucho mayor en un ámbito profesional. ¿Qué pasaría entonces en las personas que pasan diez horas cada día reparando aparatos de microondas, y con los trabajadores de las imprentas industriales donde el tóner se emplea a barriles, y qué con los trabajadores de la industria alimentaria que se tratan con litros de aditivos puros, o con las limpiadoras que manejan esos productos tantas horas seguidas? Sin embargo, no existe ni un solo dato epidemiológico sólido que observe mayor incidencia de cánceres en estas personas.
Entiendo que el miedo es libre, sobre todo cuando se trata de los hijos. Y es comprensible que uno tome todas las precauciones del mundo. Pero todos los datos indican que los aparatos y productos de uso vulgar no deben ser motivo de preocupación.
Ricardo Cubedo
Especialista en Oncología de la Clínica Universitaria Puerta de Hierro de Madrid
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