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MUJERES HISTERECTOMIZADAS

La vida sexual no se termina tras el cáncer de cuello de útero

  • Una investigación muestra que muchas mujeres siguen siendo sexualmente activas
  • Médicos y pacientes reconocen que es difícil hablar de sexo en la consulta de oncología
Una pareja descansa en una calle de Washington (Foto: Reuters | Jonathan Ernst)

Una pareja descansa en una calle de Washington (Foto: Reuters | Jonathan Ernst)

Actualizado miércoles 08/10/2008 16:24 (CET)
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PATRICIA MATEY

MADRID.- No es fácil enterrar la pasión femenina. Un nuevo estudio acaba de poner en evidencia que ni el cáncer de cuello de útero es capaz de poner fin al apetito sexual y al disfrute de las relaciones íntimas de muchas de las supervivientes de esta enfermedad.

La recién 'estrenada' vacuna contra el virus del papiloma humano [que se transmite a través de las relaciones sexuales y es responsable del 70% de los tumores de cérvix] puede disminuir hasta en un 75% el número de nuevos casos por este tipo de tumor, según el informe global de los Servicios Preventivos Task Force (Estados Unidos). Pero, todavía, se diagnostican 2.100 nuevos casos cada año dentro de nuestras fronteras.

Por este motivo a muchas de estas féminas les gustará conocer el testimonio de otras 1.446, diagnosticadas de cáncer de cuello de útero invasivo entre 1974 y 1996, según el Registro de Tumores de Connecticut (EEUU). Todas, de 29 a 69 años, seguían vivas en 2000 y son las protagonistas de un nuevo trabajo realizado por Howrad Greenwaald y Ruth McCorkle, de la Universidad del Sur de California (Los Ángeles, Estados Unidos), que acaba de publicarse en 'Journal of Women's Health'.

Las participantes de este ensayo estadounidense fueron sometidas a una histerectomía (extirpación del útero), con o sin extracción de ovarios (ooforectomía), a radioterapia o a terapia hormonal. Pese a ello, el 81% confesó ser sexualmente activa y un 59% calificó los encuentros íntimos como algo muy importante en sus vidas. Además, sólo una minoría (19,3%) reconoció que sentía frustración y tensión algunas veces, o siempre, tras la experiencia sexual. Por el contrario, un 91% expresó que sus encuentros eran algunas veces o siempre satisfactorios.

Satisfacción sexual

Mientras que estudios anteriores han constatado que las víctimas del cáncer de cérvix o de otros tumores ginecológicos sufren alteraciones sexuales [pérdida de interés por las relaciones, dolor asociado a la práctica de las mismas o insatisfacción] como consecuencia de los tratamientos que reciben, los datos de la nueva investigación son optimistas y sugieren que "por lo general las supervivientes de este tipo de tumor tienen una actitud positiva respecto al sexo y una actividad sexual satisfactoria", determinan las conclusiones.

Para Antonio González Martín, adjunto al servicio de Oncología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid y vocal de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), la nueva investigación "es muy interesante, aunque se debe matizar que está realizada con mujeres de una zona muy concreta de EEUU, Connecticut, lo que puede alterar los resultados, dado que los aspectos culturales también influyen en la vida sexual".

Los científicos estadounidenses defienden que "sólo una pequeña parte de ellas experimenta una disminución significativa de su función sexual".

Estos casos suelen corresponder a las pacientes que tienen que someterse a tratamientos más agresivos. José Antonio Vidart, jefe del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Clínico, aclara que "es el caso de la intervención quirúrgica (conocida como Wertheim Meigs), en la que se produce la extirpación de útero y de los ovarios en la mayoría de los casos, así como de los ganglios y de ciertas zonas de la vagina. Si estas pacientes, además, reciben radioterapia o quimioterapia, las consecuencias negativas en su vida sexual se elevan".

Múltiples causas

Pero el bisturí no es el único culpable del sexo insatisfactorio. "Las causas de las dificultades en las relaciones íntimas por un cáncer de cérvix son múltiples. Tal y como demuestra el trabajo, no siempre están relacionadas con las terapias de la enfermedad, sino con otros factores como los psicológicos. El problema actual es que, al igual que ha sucedido con los varones, cada vez se habla más de trastornos sexuales femeninos. En parte, porque hay una fuerte industria detrás deseosa de vender fármacos. Hay que defender un modelo de salud sexual menos genital", explica Miren Lazarrabal, presidenta de la Federación de Sociedades de Sexología.

Sus declaraciones están, además, respaldadas por los datos de un trabajo realizado por María Eugenia Olivares, del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Clínico San Carlos de Madrid y Vanesa Hernández, del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense, en la capital.

Publicado en la revista 'Psicooncología', el ensayo se llevó a cabo con 23 mujeres de 33 a 62 años que acudían al hospital madrileño para sus revisiones de postratamiento oncológico. En él se sugiere que "la sintomatología ansiosa y la depresiva influyen también en la respuesta sexual de las pacientes", determina las autoras en sus conclusiones.

Hablar de la vida íntima no es fácil ni para las pacientes ni para los especialistas. "Cuando reciben el diagnóstico de cáncer la preocupación borra inmediatamente cualquier interés por las relaciones íntimas. Lo único en lo que piensan es en curarse. Posteriormente, y con las revisiones periódicas, la prioridad es que todos los resultados de las pruebas estén bien. Hablar de los problemas sexuales en la consulta de oncología es complicado. Ellas no lo exponen y los médicos necesitan tiempo para preguntar por el tema y mucho tacto", recuerda el oncólogo González Martín.

Pero un cambio de actitud podría ayudar a muchas pacientes a superar sus problemas sexuales. "Siempre se ha creído que la sexualidad de las afectadas por tumores de cérvix depende casi exclusivamente de factores hormonales. Se debería volver la atención hacia la psicoterapia, las relaciones de pareja y otras intervenciones similares a éstas para que las enfermas con problemas puedan encontrar soluciones", determina la investigación estadounidense.

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