8 de enero de 2009.- En septiembre de 2007 asistí al sepelio del intérprete afgano Roohulah Mosavi, que murió junto a los legionarios paracaidistas de las Fuerzas Armadas españolas Germán Pérez Burgos y Stanley Mera Vera, en un atentado en la provincia de Farah, en Afganistán. En el entierro, en la ciudad afgana de Herat, fui recibida con los brazos abiertos, pues mi presencia y sobre todo mi cámara fotográfica suponían una oportunidad de oro para la familia del fallecido para mostrar su desgarro ante la prensa española. Mosavi dejaba una viuda jovencísima y una hija que, caprichos del destino, nació el mismo día que murió su padre.
En los entierros en Afganistán, así como en todos los actos públicos que se celebran en el país, es protocolario que mujeres y hombres estén separados. Ellas a un lado, y ellos, a otro. El funeral del intérprete asesinado no fue menos, sin embargo, su familia me permitió que yo, a pesar de ser mujer, me situara en la parte de los varones para así tener el ataúd y el cadáver más cerca, a menor distancia de foco.
Al entierro asistí vestida de riguroso negro, con túnica ancha y el preceptivo velo islámico. A pesar de ello, al día siguiente mi presencia en el funeral en medio de los hombres se convirtió en la comidilla de todo el barrio. "La periodista se dejó tocar el trasero", se empezó a elucubrar, a pesar de que en el sepelio ningún varón me rozó ni un solo cabello y en todo momento pude hacer sin complicaciones mi trabajo.
A copia de vivir y trabajar en Afganistán, me he acostumbrado a ser el centro de miradas y atención en una sociedad totalmente dominada por hombres, donde la presencia de mujeres es a menudo nula en algunos contextos.
Las Fuerzas Armadas españolas también continúan siendo en la actualidad un auténtico mundo de varones -a pesar de que el año pasado se conmemoró el veinte aniversario de la incorporación de las mujeres al ejército-, y como era de esperar, la ministra de Defensa, Carme Chacón, se convirtió en el blanco de todas las miradas y atención el martes, durante la celebración de la Pascua Militar.
La Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME) criticó ayer que Chacón supuestamente se saltara el protocolo del evento al vestir chaqueta y pantalón, y no el preceptivo vestido largo para las mujeres, a pesar de que la ministra consultó con la Casa Real –que es la que marca las normas protocolarias- si la indumentaria que pretendía llevar era adecuada, y ésta le dio su visto bueno.
Chacón dedicó su discurso en la Pascua Militar a anunciar que en los próximos días el Gobierno aprobará las Reales Ordenanzas de las Fuerzas Armadas, el código deontológico de los militares, que desde 1978 no se renovaba. El nuevo código establecerá que los militares españoles están obligados a diferenciar entre combatientes y no combatientes, y objetivos militares e instalaciones civiles para evitar al máximo víctimas civiles; en caso de conflicto, deberán prestar especial protección a los colectivos indefensos, como mujeres y niños; no podrán utilizar determinadas armas, como las mortíferas bombas de racimo; y tendrán que conocer y respetar las costumbres y cultura de la zona donde se desplieguen para evitar herir la susceptibilidad de la población local.
La mayoría de estos principios ya figuran en los convenios internacionales suscritos por España, pero el hecho de que ahora queden sistematizados en un código, y se conviertan en materia de estudio en las academias militares tiene una especial importancia. Más aún cuando en Afganistán, donde España tiene destacados 778 efectivos, la muerte de civiles a manos de las tropas internacionales se ha convertido en habitual, y está haciendo que la población local se empiece a cuestionar la presencia de efectivos extranjeros en el país.
Sin ir más lejos, el pasado 22 de diciembre tropas estadounidenses bombardearon durante tres horas –de las dos a las cinco de la madrugada- el pueblo de Bakhtabad, en el peligroso distrito de Shindand, en Herat, y causaron la muerte de un número indeterminado de civiles. Se da la casualidad que fuerzas españoles se encuentran desplegados en esa zona desde hace escasas semanas, y la insurgencia podría hacerles pagar perfectamente a ellos -inocentes por pecadores- por el bombardeo. De hecho, probablemente los mandos de Defensa habrán pasado estas Navidades con el corazón en un puño, ante la posibilidad real de que un militar español hubiera podido resultar muerto en medio de las fiestas. Pero aún peor lo estarán pasando los villanos del pueblo bombardeado, en pleno invierno, con temperaturas bajo cero y sin que su caso ni tan sólo haya valido un comentario en los medios de comunicación.
Chacón podría haber escogido decenas de temas para su discurso en la Pascua Militar, sin embargo, se decantó por uno de total importancia y actualidad: la necesidad de que las Fuerzas Armadas respeten los derechos humanos. El día que lo que diga o haga una ministra sea el verdadero foco de atención y debate en España, y no su vestimenta, se podrá decir que la situación de la mujer se habrá empezado a normalizar en nuestra sociedad, de la misma manera que en Afganistán ocurrirá cuando su presencia no se limite ni condene en determinados contextos.

Figura decorativa del año nuevo chino que representa a un dios de la salud. (Foto: D. Wong)
7 de enero de 2009.- La decoración de las tiendas y las calles de Shanghai no dejan lugar a dudas. El cambio de año chino está a la vuelta de la esquina. Por caprichos del ciclo lunar, esta vez llega madrugador, casi solapado a una vuelta más del calendario occidental. En apenas dos semanas, China y gran parte de Asia celebrarán su nochevieja particular y darán la bienvenida al Año del Buey, un animal asociado al éxito, sí, pero logrado a golpe de perseverancia y mucho sacrificio.
Así me lo explica una de las felicitaciones que recibo en el buzón. Bajo un dibujo del manso animal y un rótulo de feliz año, dice (y transcribo textualmente): "El Buey (牛) simboliza la prosperidad obtenida mediante la fortaleza y el trabajo duro. Este poderoso signo es un líder nato y, aunque dependiente, posee una habilidad innata para obtener grandes logros".
El año del Buey sigue al de la Rata y precede al del Tigre. Según la leyenda, los 12 animales del horóscopo chino se disputaron este orden en una carrera. La rata, astuta ella, resultó victoriosa al cabalgar a lomos del buey y saltar en el último momento. De ahí esa creencia de que el Buey, en su año, termina con lo que la Rata comenzó el anterior. O sea, que el honesto y laborioso Buey deberá poner toda su carne en el asador de este recién (mal)nacido 2009 si quiere remontar el marcador que nos dejó su astuta pero gafe predecesora.
Llevado a términos más terrenales, todo esto se traduce en que la agenda de 2009, en el caso de China, vendrá marcada por las dificultades económicas y una serie de fechas cargadas de delicado simbolismo. El gobierno de Hu Jintao, que hace tan sólo unos meses lanzaba un mensaje triunfal al mundo con unos Juegos Olímpicos deslumbrantes, se podría enfrentar en este año a la segunda amenaza más seria a la legitimidad del Partido Comunista chino desde que éste comenzó a reinventarse hace tres décadas.
La primera de estas amenazas, sabido es, se coció y fue ahogada en torno a la plaza pekinesa de Tiananmen, de cuyo sangriento desenlace se cumplirán el próximo 4 de junio veinte años. Poco antes, en marzo, el recuerdo de las revueltas de 2008 en gran parte del territorio tibetano se unirá al 50 aniversario de la huida del Dalai Lama al exilio.
Y, por hacer otra muesca roja en el calendario, el primero de octubre de 2009, en este nuestro año del Buey, la República Popular China -aquella que nació en 1949 bajo un ideal comunista y que hoy acomoda a su manera el capitalismo- cumple seis décadas. Todas ellas serán fechas donde veremos reforzada la seguridad, sobre todo en un contexto de inestabilidad económica y presiones para el cambio político que pueden acentuar los conflictos.
Cuando el mes pasado un grupo de intelectuales firmó un documento apodado la Carta-08 (en guiño a la Carta-77 de los disidentes checoslovacos) en el que pedían reformas políticas, las autoridades respondieron con la detención de uno de sus autores, Liu Xiaobo, y continuos interrogatorios a un buen número de los 303 signatarios. Si como muestra sirve un botón, el ministro del Interior (Seguridad Pública), Meng Jianzhu, advertía recientemente que "la situación presente para mantener la seguridad nacional y la estabilidad social es grave".
Un momento. ¿Pero no estaba China, con su potente locomotora económica, más preparada que nadie para afrontar la crisis? Y en todo caso, ¿a qué viene el pánico, con un crecimiento del PIB en 2009 previsto, oficialmente, en torno al 8% y de un 5 ó 6% en las peores de las proyecciones, algo muy por encima de las languidecidos resultados de las economías 'primermundistas'?
Para un occidente en cuyos esquemas a duras penas encaja la permanencia en el poder de un partido único que, además, restringe un buen número de libertades, la aparente calma social de China se suele explicar pareja a su progreso económico. La constante lluvia de yuanes –para unos más que para otros- y una gestión relativamente eficaz -a pesar de la corrupción y otros males de la China moderna- han legitimado hasta ahora el rol del Partido Comunista.
¿Qué pasa entonces cuando la argamasa que mantenía unidos los ladrillos se empieza a resquebrajar? Algo de esto lo estamos viendo ya. Millones de trabajadores (hasta diez, según los últimos cálculos oficiales) se han quedado en la calle ya por el cierre de fábricas que no han podido hacer frente al constipado de la demanda en el extranjero. Algunos de estos peones vuelven estos días de Año Nuevo a sus casas, en el campo, sin poder llevar a sus familias los últimos sueldos, que les han sido secuestrados por una crisis que hasta ahora sentían lejana.
"Pero lo peor está por llegar", nos advertía esta semana un ex analista financiero alemán que hoy dirige una gran empresa de seguros. "¿Qué pasará cuando todos estos trabajadores regresen en marzo a las ciudades en busca de empleo y no lo encuentren?" ¿Y cuando el gobierno, en pos de la armonía social, no pueda seguir cubriendo las deudas de las empresas que se han declarado en bancarrota? ¿Y cuando el mercado laboral se muestre incapaz de absorber a los más de 7 millones de nuevos licenciados que cada año salen de las universidades?
Señores, abróchense los cinturones, que este Buey llega con ganas de embestir.

Una mujer india con sobrepeso. (Foto: Gayo Macías)
7 de enero de 2009.- La compañía aérea estatal india, Air India, ha despedido a diez de sus azafatas por estar demasiado gordas.
En el contrato que firmaron las trabajadoras se estipulaba que, para una mujer de 18 años de edad y 152 cm de altura, el peso máximo permitido sería de 50 kilos, mientras que para una azafata de 26 a 30 años y la misma altura, 56 kilos es el tope permitido.
En un alarde de 'generosidad', la compañía había elevado tres kilos el límite permitido, pero hace poco se echó atrás y ha empezado a prescindir de sus empleadas más rellenitas.
En este país, donde los matrimonios concertados se basan en la compatibilidad de los cónyuges, no podía faltar una página web especializada en emparejar a los más rellenitos: www.overweightshaadi.com (matrimonio con sobrepeso) pretende ser la solución para aquellos a los que la fantástica gastronomía india y una vida sedentaria han llevado a la perdición. La idea, puesta en marcha por dos avispadas hermanas que en sólo dos meses han conseguido cientos de clientes e incluso han conseguido que tres parejas –una de ellas residente en EEUU- dejen atrás el complejo de culpabilidad y compartan el resto de su vida juntos. Empezando con un buen banquete de bodas, claro.
Catalogada como la nueva epidemia de los ricos, la obesidad amenaza a la clase media india tanto o más que a la española, por ejemplo. De hecho, una de las cosas que pueden tener en común una mujer del Punjab (en el extremo norte del país) y otra de Kerala (en el sur) es que ambas serán, con mucha probabilidad, gorditas. Casi el cuarenta por ciento de las féminas punjabíes, famosas por su rotundidad y buen apetito, sufren de sobrepeso; otro tanto ocurre con sus compatriotas keralíes, tamiles, gujaratis... La obesidad se extiende por este país con 220 millones de hambrientos como si de un virus se tratara.
La culpa, según algunos, es de la comida india. Variada, sabrosa, refinada, pero ¡ay! poblada de salsas y aceite de coco que duran un segundo en el paladar y diez años en la cintura. Otros piensan que en un país donde las calles no tienen aceras y hacer ejercicio es un signo de heroicidad (dado el precio de los gimnasios y el estado de los parques públicos), estar lejos de la forma ideal es simplemente inevitable. Pero tal vez sea la genética la culpable de los malos ratos de las indias frente a la báscula: los científicos han identificado un nucleótido exclusivo de la población india llamado 'rs12970134', que tiene que ver con la circunferencia de la cintura y la tendencia a acumular grasa en esa zona que todos conocemos con el nombre de una marca de neumáticos. Habrá que ponerle un apodo al dichoso rs1297... para empezar a insultarle como se merece.
Por otro lado, y recurriendo una vez más a ese oráculo llamado Bollywood que tanto nos desvela sobre la sociedad de este país, la última tendencia entre los galanes y actrices del celuloide consiste en competir por tener un abdomen más accidentado –ellos- o una talla más cercana al cero –ellas-. Primero fue la superestrella Sharukh Khan y sus 'seis-packs'; luego Aamir Khan exhibió sus 'ocho-packs'. Y ahora otro Khan, Salman, jura que veremos pronto sus... ¡doce-packs! Lástima que no haya una categoría en los Oscar dedicada a los abdómenes, tal vez así se acabaría con la sequía del cine indio en esos premios.
Mientras tanto, los ejecutivos de Air India podrán presumir no sólo de transportar a sus pasajeros sino también de mostrarles el camino a seguir, el de la continencia alimenticia, aunque sea con ejemplos tan crueles como prescindir de las azafatas gorditas.

Omar Abdullah. (Foto: REUTERS)
4 de enero de 2009.- Hace pocos días, Omar Abdullah recibió una llamada de su padre Farooq, proponiéndole desayunar juntos. Y entre los Abdullah, una de tantas dinastías asiáticas acostumbradas a ostentar el poder y transmitirlo de padres a hijos como si fuese una herencia o una maldición, un simple desayuno puede cambiar la historia de su pueblo.
Tras ese histórico desayuno, Omar Abdullah recibió de su padre el testigo de la Presidencia del Gobierno regional de Cachemira. Su abuelo, Sheik Abdullah, ocupó el mismo puesto en el pasado.
Lo que podría parecer un eslabón más en una larga cadena de nepotismo está en realidad respaldado por un resultado electoral: en las recientes elecciones de Cachemira, el JKNC, partido de los Abdullah, fue el más votado y obtuvo 28 de los 87 escaños de la Asamblea Nacional Cachemir. En un mapa político que más que fragmentado está hecho añicos cada voto cuenta, y mucho.
Omar Abdullah, un musulmán casado con una hindú e hijo de una inglesa cristiana (él mismo nació en el Reino Unido), es algo así como el Barack Obama de Cachemira. Su carisma y su aire autoritario y distante le han servido para atraer las simpatías de la izquierda moderada, de los islamistas moderados, de los patriotas pro-indios moderados y de las nuevas generaciones, que sólo en la moderación y el pragmatismo ven una posible salida a décadas de enfrentamientos.
El JKNC de Abdullah gobernará Cachemira en alianza con el partido de Sonia Gandhi, y las esperanzas puestas en él son tan grandes como el deseo de todos los cachemires de vivir, por fin, en paz. El electorado, la prensa, el gobierno central e incluso los radicales han encontrado en Omar Abdullah al hombre perfecto, un líder de conveniencia que tiene algo con lo que todos pueden identificarse pero que no tomará partido por ninguna facción si eso significa romper el equilibrio de poderes existente.
Su intervención en el parlamento de Nueva Delhi en julio del año pasado, cuando se debatía el acuerdo nuclear con EEUU, atrajo la atención sobre aquel joven y desconocido diputado, que parecía destinado a vivir a la sombra de su padre durante muchos años antes de tantear las aguas de la alta política.
Con un discurso de apenas un cuarto de hora, Omar Abdullah se reveló como un brillante orador, capaz de hacer el silencio en el gallinero del parlamento indio y al mismo tiempo batir récords en Youtube. Había nacido un líder, respetado por los dinosaurios de Nueva Delhi y capaz de inspirar a la juventud india.

Omar Abdullah, saludado por seguidores. (Foto: EFE)
"Soy musulmán y soy indio, y no veo contradicción entre ambas cosas [...] No creo que los Estados Unidos sean los enemigos de los musulmanes indios, los enemigos de los musulmanes de mi país son los mismos que los de todos los pobres del mundo: el hambre, la miseria, el subdesarrollo y la falta de una voz con la que hacerse oír".
En una campaña llevada a cabo por el Gobierno para animar a la población a registrarse en el censo electoral, el ejemplo de Abdullah ha sido uno de los más utilizados para concienciar a la población de que ellos son la única pieza imprescindible para que funciona esa máquina llamada democracia.
El resultado ha sido increíble: 270 millones de nuevos votantes, la mayoría de ellos jóvenes, podrán votar en las elecciones generales de abril. En Cachemira, Abdullah ha logrado algo similar que, si en los anteriores comicios la participación fue de tan sólo el 3% en algunos distritos, en las elecciones de diciembre se registrase como mínimo un cuarenta en todas las circunscripciones.
Muchas veces se describe esta región como el territorio más militarizado del mundo. En la Cachemira india, con unos 10 millones de habitantes, hay 500.000 soldados. En la Cachemira paquistaní, todo aquel que defienda ideas independentistas en vez de anexionistas es considerado subversivo. Desde 1947, los cachemires y su tierra han sido víctimas y escenario de cuatro guerras. No es de extrañar que sueñen con su propia libertad en vez de aceptar las que les ofrecen a ambos lados de sus fronteras.
Omar Abdullah puede ser el hombre apropiado para intentar conseguir una versión de esa libertad.

Bloques de cemento ante la embajada de India en Kabul. (M. Bernabé)
2 de enero de 2009.- El 2008 pasará a la historia en Afganistán como el año en el que los talibán llegaron a tener una presencia permanente en el 72% del país. Al menos eso es lo que asegura un informe del International Council on Security and Development (ICOS), que ha tenido tanta repercusión mediática que ésa es la idea sobre Afganistán con la que se ha quedado todo el mundo, a pesar de que el portavoz de la OTAN James Appathurai declarara después que "las cifras de ese informe no tienen ninguna credibilidad", muchos cooperantes también las cuestionan totalmente, y yo misma, como periodista, he de confesar que difícilmente podría continuar ejerciendo mi profesión en Afganistán si los talibán realmente tuvieran un dominio tan grande como asegura el citado estudio.
Leyendo el informe con detalle, encuentras que, para ICOS, "tener una presencia permanente en un territorio" significa disponer de capacidad para llevar a cabo "una media anual de uno o más ataques a la semana". Así pues, los talibán no campan a sus anchas por las zonas que, según este centro de estudios, están bajo su control, a diferencia de lo que se podría entender en un primer momento.
¿Qué tal Afganistán? es la pregunta recurrente que todo el mundo me hace cuando regreso a España tras haber estado meses en ese país, y que yo siempre odio contestar, pues el interlocutor espera que le resuma en diez palabras la situación en Afganistán, y eso es literalmente imposible sin caer en tópicos reduccionistas, como el que suscita de entrada el informe de ICOS. "Muy mal, fatal" es lo que acostumbro a responder a modo de resumen general, de la misma manera que, cuando alguien te pregunta por la familia, contestas "bien, gracias", sin entrar en más detalles.
Sin embargo, en Afganistán no todo es absolutamente negro. Hay muchos grises, y también algún blanco, aunque, sin duda, la situación de seguridad va a peor, y el 2008 no fue mejor que el 2007. Basta pasearse por Kabul para darse cuenta. El cambio que ha experimentado la ciudad en tan sólo un año por razones de seguridad es evidente. Ahora se ha puesto de moda poner enormes bloques de cemento en todos los sitios donde ha ocurrido un atentado o son susceptibles de sufrir uno. Así pues, todos los edificios oficiales han quedado ocultos tras grandes moles grises. También se han colocado barreras para restringir el tráfico de vehículos en algunas calles, y en otras se ha cortado definitivamente la circulación. Si no se permite el paso a nadie, menos riesgo de atentados hay.
De hecho, el 2008 en la capital afgana empezó muy mal, con el atentado el 14 de enero contra el hotel de cinco estrellas Serena, el primer ataque deliberado contra civiles internacionales, que se saldó con al menos seis muertos. La cifra de víctimas mortales nunca quedó clara.
El 27 de abril el blanco fue el propio presidente afgano, Hamid Karzai, que tuvo que sortear un tiroteo en el estadio de deportes de Kabul durante la ceremonia de conmemoración de la entrada de los muyahidines en la capital afgana en 1992. El 7 de julio un brutal atentado contra la embajada de India también en Kabul causó 41 muertos y casi 150 heridos, uno de los ataques más sangrientos en la ciudad. Y el 9 de noviembre le tocó el fatal turno a los españoles: el brigada Juan Andrés Suárez y el cabo Rubén Alonso perecieron en un atentado suicida en la provincia de Herat, en el oeste de Afganistán. En total 4.000 personas perdieron la vida el año pasado en combates en el país, de los que un tercio eran civiles, según dato de las Naciones Unidas. Y el macabro goteo continúa.
El 2009 no parece que depare nada mejor. Por un lado, está prevista la celebración de elecciones presidenciales, aunque de momento las fuerzas políticas ni tan sólo se han puesto de acuerdo en la fecha de los comicios. El portavoz de la Comisión Independiente Electoral, Zekria Barakzai, ha asegurado que esta vez las personas vinculadas a grupos militares no podrán presentarse como candidatas, dando a entender que eso es lo que ocurrió en las elecciones del 2004, a pesar del supuesto compromiso de la comunidad internacional para evitarlo. Al final, no obstante, se hizo la vista gorda.
También para el 2009 está previsto el despliegue en Afganistán de unos 20.000 efectivos suplementarios de Estados Unidos. Un cálculo rápido del número de fuerzas extranjeras destacadas en Kosovo (casi 15.000 para una superficie de 10.887 kilómetros cuadrados), y las que hay ahora en Afganistán (unas 70.000 para un territorio casi sesenta veces más grande), hace evidente que en este último país faltan tropas internacionales. Sin embargo, si se pone sólo el acento en la intervención militar, y no se hace nada en las vertientes política y diplomática, pocos cambios caben esperar en el país.
La administración en Afganistán continúa siendo totalmente corrupta, y los antiguos criminales de guerra copan ahora el Parlamento y controlan algunos ministerios del gobierno. Hasta ahora la comunidad internacional ha hecho poco para cambiar ese status quo, y viendo su actuación estos días ante la matanza en Gaza, es difícil esperar que tenga ninguna intención de meterse en camisa de once varas en Afganistán, aunque eso suponga hipotecar su futuro.
25 de Diciembre de 2008.- Después de pasar toda la tarde instalando mi nueva impresora leo que Lavina, una niña india de Tamil Nadu, ha superado un difícil examen de Microsoft. Eso le convertiría en una cotizada profesional si no fuera porque tiene... nueve años.
Lavina se ha convertido así en la persona más joven en superar ese examen, y con ésta son ya exactamente cincuenta las noticias sobre récords publicadas este año en un importante periódico indio.
Siendo como es excepcional, en cierto modo el caso de Lavina es solamente uno más. En un país de mil y pico millones de habitantes, se diría que la única manera de destacar es batiendo un récord mundial de algo, de lo que sea.
Es difícil explicarse la pasión de los indios por los récords. El resto del mundo puede emocionarse con menudencias como las mejores marcas deportivas, los hitos tecnológicos o las hazañas históricas, pero lo que de verdad obsesiona a muchos indios es lo que podríamos llamar el récord por el récord. Y aunque en una India superpoblada lo más fácil sería batir récords colectivos, lo cierto es que la mayoría de estas extrañas plusmarcas son 'hazañas' individuales.
Como la de Viraag, un joven ingeniero de Bombay. Tras intentar sin éxito que los magnates de Bollywood se fijasen en sus dotes como cantante, Viraag se pasó una semana y tres minutos cantando sin parar en un centro comercial para llamar la atención y de paso aparecer en el Guiness. Durante ese tiempo interpretó más de 1.500 canciones sin parar ni para comer ni para dormir; una dieta a base de líquidos y entusiasmo inagotable le bastó para doblar la anterior marca, en manos de un norteamericano. Los tres médicos que se turnaron para cuidarle se preocuparon también de grabar en casetes la actuación de Viraag. Ahora le toca a los señores del Guiness escuchar las cintas y declarar o no válido el récord, pero seguro que les llevará un tiempo.
Otro recordman indio más callado pero no por ello menos comunicativo consiguió enviar 182.689 sms en un solo mes. Haciendo cuentas, salen unos cuatro mensajes por minuto. Es de suponer que los mensajes en cuestión serían meros reenvíos, porque de ser todos distintos y originales la inventiva de este hombre no tendría precio. Por cierto, con su factura telefónica de 1.411 páginas, 'mil dedos' Deepak Sharma batió otro récord mundial. Seguro que su proveedor se está arrepintiendo de aquella rumbosa oferta de tarifa plana en sms.
Tal vez apabullado por tamaño despliegue de creatividad o tal vez aburrido ante las escasas posibilidades de diversión en su pueblo de Uttar Pradesh, Ashish se propuso batir otro récord, pero uno 'de andar por casa'. Nada menos que ciento veinte horas pasó el amigo Ashish viendo películas en el salón de su casa. Cada cuatro horas, lo que viene a coincidir con la duración de una película india, un médico amigo suyo le revisaba y le permitía descansar diez minutos. A estas alturas alguien debería publicar un 'libro Guiness' paralelo recogiendo las hazañas de estos abnegados doctores sin los cuales no habría récord posible.
Dicen que a veces ese ansia de repetir hasta el absurdo una acción trivial, o llevar hasta el límite de lo posible la resistencia humana aplicada a empeños como dar cientos de palmadas en un minuto o bailar durante horas mientras se dibuja con los pies es otra manera de superarse, de llevar más allá los límites humanos. Más estrafalaria, por ejemplo, que los Juegos Olímpicos, pero no por ello menos meritoria. Puede ser. Pero a veces el ansia de poseer un récord que les dé a conocer o les coloque por encima de los demás mortales puede llevar a algunos demasiado lejos.

Preparando el plato de arroz más grande del mundo en Delhi. (Foto: E. G. de Lucas)
Como al entrenador del pequeño Budhia. Un niño que a los tres años y medio corría sin parar durante siete horas al día. A veces conseguía hacer setenta kilómetros en una sola jornada. Obligado por su entrenador a llevar la dieta de un adulto, Budhia reventó cuando intentaba batir un absurdo récord de noventa kilómetros sin parar.
Una pareja de médicos de Chennai decidió que su hijo de quince años también merecía un sitio en el Guiness y le permitieron practicar una cesárea a una paciente. Para tener pruebas de la dudosa proeza grabaron la operación con una cámara de vídeo. La película sirvió como evidencia en el juicio por imprudencia temeraria que perdieron.
La versión india del dichoso 'libro Guiness' se llama 'libro Limca' (una marca de refrescos), y en la web www.4to40.com se recogen los récords más absurdos que uno pueda imaginar, pero que tal vez colmen las ansias de notoriedad de sus protagonistas.
Sin duda, todos los indios esperan con anhelo el día en que el país se convierta en el más poblado del mundo, gracias a la política de baja natalidad de China. Entonces, todos y cada uno de ellos se convertirán en los artífices de un récord mundial indiscutible que será recogido por todas las enciclopedias, periódicos y televisiones. Todos ellos poseedores de un récord. ¡Y sin haber hecho nada!
Bueno, casi...
No creo que a nadie le quepa ya duda alguna: China ha vivido en los últimos 30 años la mayor y más rápida transformación económica de la historia de la humanidad. Sigue
Los periodistas afganos fueron convocados el lunes a las seis de la mañana en el palacio presidencial, en Kabul, para una rueda de prensa que debía empezar dos horas más tarde, a las ocho, pero que, como siempre en estos casos, se inició con retraso. Asimismo, como siempre también en todas las conferencias de prensa del presidente afgano, se citó a los informadores a ciegas. Es decir, sin comunicarles con quién iba a comparecer esta vez Hamid Karzai ante los medios de comunicación, ni de qué iba a hablar. Total sorpresa. Sigue
Les propongo un experimento: introduzcan 'Bihar' en cualquier buscador de noticias internacional. Cualquier día, cualquier mes del año. Sigue
Afganistán vive a medio gas estos días, pues se celebra la fiesta del cordero, que es como la Navidad para los musulmanes. El sábado el Gobierno afgano declaró siete días de fiesta consecutivos, aunque teóricamente la celebración oficial sólo tendría que durar cuatro jornadas, y desde el sábado las calles de Kabul, la capital, están medio vacías, y la mayoría de los comercios se mantienen cerrados. Sigue
Al final, lo único que pudo parar el combate fue otro combate. Los rebeldes musulmanes prometieron no atacar las posiciones del Gobierno y el Ejército filipino suspendió sus ofensivas para darse una tregua en décadas de conflicto. Todos querían ver en televisión al 'Boxeador del Pueblo', Manny Pacquiao. Sigue
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Cocinando palabras
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