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MUERE A LOS 77 AÑOS

Bernie Brillstein, el motor de 'Los Soprano'

(Foto: AP)

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Actualizado viernes 05/09/2008 18:30 (CET)
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JULIO VALDEÓN

LOS ÁNGELES.- Bernie Brillstein fue una de esas figuras de Hollywood que fumaba, bebía y soñaba cine. No era conocido por el gran público porque su papel estaba tras el telón, allí donde se cocinan los grandes aciertos y catástrofes, en la sala de máquinas de esa utopía en movimiento que vomitan las cámaras. Productor, agente artístico, empresario, protagonizó una biografía de colores restallantes. Ha muerto a los 77 años, víctima de una enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Si el enfisema lo mantuvo en los últimos tiempos colgado de una bombona será porque durante décadas regaló todo su oxígeno a cientos de proyectos.

Los que saben de cine, los compañeros, los cómicos, las bucaneras del teatro, la gran pantalla y la televisión, los figurantes con buena memoria y los cazatalentos, los astros y los histriones de larga carrera lloraban por Brillstein, caballero irónico y apasionado que nunca desperdició la ocasión de compartir una broma, regalar un consejo o ayudar al primerizo que acudía a refugiarse bajo su barba.

Hagamos recuento. Entre las películas que produjo se encuentran títulos como 'Happy gilmore', 'Los cazafantasmas' o 'Los blues brothers'. La última, aparte de mostrar una de las persecuciones de coches más conseguidas de la historia del cine, quedará porque recuperó, durante los tibios años 80, a muchos de los pesos pesados del soul. James Brown, Aretha Franklin o Ray Charles hicieron en la película contundentes cameos.

Sólo por 'Los blues brothers' ya figuraría el nombre de Brillstein en el altar de los amantes de la música y del cine, pero es que además fue uno de los impulsores del mítico programa de televisión Saturday night live, inagotable semillero de humoristas. Entre los chavales con los que ejerció de tutor figuran leyendas como el malogrado John Belushi, Gilda Radner y Dan Aykroyd.

Jim Henson -aquel superdotado que hizo de las marionetas poesía gamberra, peluche con dinamita incorporada, padre de los Muppets (la Rana Gustavo, Coco, Epi y Blas, Peggy, etcétera), así como de los Fragels-, fue otro de sus discípulos. La asociación Henson Brillstein demostró que la televisión pública podía crear programas infantiles que no insultasen la inteligencia del niño, menos cursi o atontado de lo que ciertos pedagogos creen.

Hay más. Como pigmalión o agente ayudó, en algún momento de sus carreras, a gente de la talla de Gwyneth Paltrow, Bill Maher, Andy García, David Spade, Gary Sinise, Courteney Cox, Ed O'Neill, Brad Pitt, Adam Sandler, Jennifer Aniston, Dennis Miller o Natalie Portman, entre otros muchos.

Su última hazaña, quizá la mayor de todas, fue producir 'Los Soprano', trece años después de su otro gran éxito televisivo: 'Alf'. Ninguna otra serie de televisión ha capturado el alma del país, los sótanos chungos, la grandeza y la épica, el crimen, la corrupción, los intereses enfrentados de las diversas comunidades, la muerte del idealismo y la violencia como esa asombrosa serie.

Más allá del elogio, sin recursos librescos ni guiños esnob, desde su aparición en 1999 'Los Soprano' rindieron homenaje al cine de gánsters, martirizaron a los bobos de la corrección política, ofrecieron riadas de talento en vena y marcaron a fuego el medio televisivo. Cualquier enamorado del cine les debe horas y horas de placer y desvelos. Y allí estuvo el hombre que nació en Nueva York, comenzó su carrera poniéndole sellos a las cartas que enviaba la agencia de talentos William Morris y vivió lo suficiente como para apoyar la creación de un monumento, 'Los Soprano', con osamenta y electricidad de clásico perdurable.

La Cámara de Comercio de Hollywood le honró en 2001 por su gran contribución a la industria del entretenimiento con una de sus estrellas en el turístico Paseo de la Fama.

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