Dice el tópico taurino que existe una ecuación que se cumple con precisión matemática: a menor número de figuras en los carteles, mayor peso del ganado encastado. Pocos axiomas se cumplen en el toreo con tanta asiduidad como éste. En el San Isidro de 2000 está anunciada una docena de ganaderías consideradas duras, con poco éxito entre los matadores mejor colocados en el escalafón. Como es habitual, estos hierros están programados en los primeros días de la feria, los domingos y en la semana torista que cierra el ciclo.Al contrario de lo que sucedió en anteriores ediciones, esta feria tiene, en el aspecto ganadero, un significativo peso del encaste Santa Coloma, tanto en las corridas como en las novilladas.
El origen de este encaste se remonta a comienzos del siglo XX. Concretamente, en 1905, el conde de Santa Coloma compró la mitad de la ganadería a Fernando Parladé y un lote de reses al marqués de Saltillo (origen de camadas como la de Victorino Martín). El conde eliminó todos los animales con capas diferentes a las cárdenas y entrepeladas. El sucesor de esta línea fue Joaquín Buendía Peña, quien redujo el tamaño de las reses en su proceso de selección. De toda esta criba salió un tipo de toro de embestida alegre, con picante, degollado y en ocasiones ensillado. En cuanto a las encornaduras, difieren desde los corniveletos hasta los gachos. Precisamente, estas condiciones zootécnicas han provocado en ocasiones el rechazo del público de Las Ventas al trapío de ciertos animales, especialmente a aquellos que apenas sobrepasan los 500 kilos en la báscula.
No directamente originado en este encaste, aunque sí cruzada con dicha sangre, hay otra ganadería que se lidiará en el presente San Isidro: la de los herederos de Celestino Cuadri.
Los toros de Hernández Pla y Adolfo Martín y los novillos de La Quinta y Baltasar Ibán deben recuperar la movilidad y transmisión del animal de este encaste. Hernández Pla no tuvo una afortunada aparición el pasado año en Madrid. La corrida anunciada para San Isidro fue retirada finalmente y se lidió en agosto, dando un juego deslucido y flojeando en la presentación.
Adolfo Martín
Adolfo Martín tiene un ganado con sangre albaserrada. Se trata de toros de hechuras y comportamiento semejante a los de Victorino Martín, aunque son más abundantes los ejemplares que sacan mucho genio y dificultades. En cualquier caso, también es capaz de echar dos o tres animales bonancibles, con embestida encastada pero noble, tal y como hizo el pasado año.
En el 99, además de la corrida lidiada el 7 de junio en Madrid, destacó el encierro que envió Adolfo Martín a Teruel en julio (con vuelta el ruedo para un animal) y la novillada en Arnedo (La Rioja).
La novillada de La Quinta se ha convertido en apenas dos años en un clásico de Madrid. La que trajo el pasado año este hierro fue especialmente brava en su conjunto. En cuanto a fachada, son novillos astifinos, cárdenos y finos. Para los novilleros también se ha recuperado un clásico: Baltasar Ibán. Tras el fiero e irrepetible Bastonito, que dio una durísima batalla a César Rincón, este hierro no volvió a ofrecer productos de calidad. De hecho, el año pasado fue una de las ausencias destacadas de San Isidro. La novillada es una buena oportunidad para que Ibán recupere crédito en Madrid y repetir triunfos ganaderos que ya obtuvo el pasado año con utreros en las ferias de novilladas más importantes de España.
Uno de los hierros más esperados este año será el de Partido de Resina. Con una antigüedad datada en 1888, este histórico hierro no ha dejado de mejorar su rendimiento desde mediados de la década de los 90. En el 97 ya apuntó ciertos detalles en Madrid, a pesar de que le fue devuelto un toro a los corrales. En la temporada siguiente lidió 47 reses y el año pasado llegó el mejor rendimiento de varias corridas, incluida la de la feria madrileña.
Los pablorromeros se formaron con vacas jijonas y sementales de Cabrera. En 1875 pasó a manos de Felipe de Pablo Romero. El 1 deenero de 1998 cambió su histórica denominación para pasar a llamarse Partido de Resina, el nombre de la sociedad limitada que adquirió la ganadería.
El nuevo nombre de los clásicos pablorromeros estará inevitablemente unido al de un toro: Joyerito. Este animal, lidiado el año pasado en Madrid, fue declarado el más bravo de la feria. Sus ejemplares reunieron muchas de las condiciones exigidas por los aficionados: trapío irreprochable, buen comportamiento en varas y acometividad en la muleta. Un dato a destacar: a pesar de su imponente presencia, sus pesos no eran excesivos.
El recuerdo de Fraile
Otra de las ganaderías que han ganado prestigio en Las Ventas ha sido la de Juan Luis Fraile -también con encaste de Santa Coloma-. Los propietarios de este hierro pertenecen a una amplia familia de ganaderos, entre los que se incluyen los dueños de hierros punteros como El Puerto de San Lorenzo, El Pilar y Valdefresno.
Apenas unos días después del fallecimiento del ganadero, sus animales brindaron un espectáculo de bravura y fiereza a partes iguales en Madrid. La terna lo pasó mal, muy mal. Y el público se divirtió, especialmente en el tercio de varas. Si repiten el comportamiento del último año, será complicado ver faena, pero el aficionado no podrá perder detalle de lo que suceda en el ruedo.
Los domingos están anunciados los hierros clásicos de San Isidro. Además de los mencionados de Fraile y Adolfo Martín, se podrá ver ganado del santacolomeño Pérez Tabernero y Conde de la Corte.
Para la semana torista del ciclo no hay más sorpresas que las que puedan ofrecer los astados en el ruedo. Guardiola Fantoni, Celestino Cuadri, Dolores Aguirre y Victorino Martín cargarán con la responsabilidad de cerrar la feria. De ellos, los que mejor rendimiento han ofrecido en las últimas temporadas han sido los del paleto de Galapagar. Sin éxitos rotundos en los últimos ciclos de San Isidro, Victorino Martín mantiene intacto su cotizadísimo cartel. Buena prueba de ello son los tres espadas que se han apuntado a la victorinada: Luis Francisco Esplá, Juan Mora y Manuel Caballero.
En cuanto al trapío del ganado seleccionado para la feria, a falta del visto bueno del equipo veterinario, destacan encierros como el de Arauz de Robles, por hechuras y pitones, que se puede contemplar en la Venta del Batán, en la Casa de Campo.
Las preferidas por los toreros
La ganadería de Samuel Flores es una de las más paradigmáticas e indiscutiblemente unidas a la historia de la feria de San Isidro. Destinada, a priori, a ser ganado de culto para el aficionado y maldito para las figuras, ha superado las etiquetas. De hecho, en la década de los 90 se consolidó como la preferida por toreros de primer orden, como Enrique Ponce, quien ha tenido en esta ganadería su hierro fetiche, con el que ha obtenido buenos triunfos en Madrid.
Su peor momento de los últimos años lo vivió en 1997, con un encierro manso y blando que sufrió la humillación de ver tres toros regresar a los corrales. Las figuras huyeron de este ganado que pasta en Albacete y al año siguiente recuperó su brillo pasado. En esta edición de la isidrada, los primeros espadas han vuelto a confiar en Samuel. Sin ir más lejos, El Juli confirmará la alternativa con estos toros.
En la memoria del aficionado quedan los nombres de toros muy notables lidiados en Las Ventas, como los de Garcito, estoqueado por Paquirri en la Beneficencia del 80 y Loquillo, ganador del Premio del Ayuntamiento de Madrid en 1987 al toro más bravo.
A esta ganadería se unen otras muy alabadas por las figuras. No faltan clásicos en Las Ventas como Alcurrucén, un auténtico seguro de vida en los últimos años debido a su regular rendimiento; el Puerto de San Lorenzo (con el mal recuerdo del 2 de mayo); Los Bayones, El Pilar o Mari Carmen Camacho.