Miércoles, 27 de octubre de 1999 EL MUNDO periodico

X ANIVERSARIO / LA POLITICA

SOBRIEDAD FESTIVA Y ALGO DE RETRASO


LUCIA MENDEZ

El presidente del Gobierno, José María Aznar, ocho ministros de su Gabinete y dirigentes de otras fuerzas políticas y sindicales se sumaron a la fiesta. Y lo hicieron a su manera, con sobriedad. Atónitos y asombrados por la marea humana y por el espectáculo, los políticos se retiraron pronto, alegando que al día siguiente tenían que madrugar.

Aznar y su esposa, Ana Botella, llegaron con algo de retraso. Hubo quienes, al saber que iba a aparecer, abandonaron el pabellón a toda carrera. El portavoz del PNV, Iñaki Anasagasti, y los diputados José Juan González de Txábarri y Jon Zabalía salieron a toda prisa para no verle. No está el horno para bollos entre el Gobierno y el PNV.

Los más puntuales fueron los ministros de Administraciones Públicas, Angel Acebes, de Asuntos Exteriores, Abel Matutes; de Fomento, Rafael Arias-Salgado; de Medio Ambiente, Isabel Tocino; el presidente de la Generalitat Valenciana, Eduardo Zaplana; el ex presidente de Baleares, Jaume Matas; el alcalde de Madrid, José María Alvarez del Manzano; el secretario general del PP, Javier Arenas; el secretario de Estado de Comunicación, Pedro Antonio Martín Marín; el secretario de Estado para las Relaciones con las Cortes, José María Michavila; los portavoces del PP en el Congreso, Luis de Grandes y en el Senado, Esteban González Pons, el secretario general de la UGT, Cándido Méndez y el portavoz de CCOO, Javier Doz.

También llegó a su hora el coordinador general de Izquierda Unida, Julio Anguita, a quien estos festejos con tanta gente y tanto jaleo le superan. Por eso se fue pronto.

El ministro de Educación y Cultura, Mariano Rajoy, repartió su fina ironía gallega entre unos y otros; el titular del Interior, Jaime Mayor Oreja, que llegó tarde -directamente del avión-, intentó convencer a todos, con escaso éxito, de que la detención de Belén González en Francia fue fruto de una venturosa casualidad y que él no tuvo nada que ver. Minutos antes había llegado un sonriente ministro de Sanidad, José Manuel Romay Beccaría.

Y el último, Manuel Pimentel, ministro de Trabajo, lo hizo a las 12 de la noche. «He tenido un día muy atareado».