EL MUNDOExtra, extra! El lunes por la noche volvió a nacer la verdad. Esa dama blanca que, desde hace 10 años, ilumina día tras día las páginas de EL MUNDO, bajó una vez más del cielo. No podía ser menos en una velada tan especial, en la que el diario celebró su X Aniversario.
Y lo hizo con una gran fiesta a la que asistieron 10.000 personas, 10.000 lectores del periódico, anunciantes y trabajadores... En definitiva, amigos que creyeron desde el principio en el proyecto y que quisieron brindar por su entrada en el próximo milenio.
La fiesta contó con todos los ingredientes para hacer de ella una velada digna del siglo XXI: música, teatro, danza, fuegos artificiales y, sobre todo, la presencia de importantes personalidades de la vida española, de esas personas que, cada día, escriben un poco de la Historia que el periódico refleja en sus páginas.
El plato fuerte estuvo a cargo de Els Comediants. El grupo catalán ideó un montaje exclusivo para EL MUNDO que, como no podía ser de otra forma, se basó en el triunfo de la verdad por encima de mafiosos y corruptos.
Pero volvamos al principio, porque la fiesta de EL MUNDO estaba planeada hasta el más mínimo detalle. Hacia las 20.15 horas, la entrada del pabellón principal del Parque Ferial Juan Carlos I de Madrid empezaba a llenarse con los más puntuales.
El logotipo del X Aniversario del periódico estaba presente en las columnas del edificio y tanto las azafatas como los azafatos lucían originales trajes diseñados por Agatha Ruiz de la Prada: ellos, pantalones vaqueros, jersey negro y, encima, un chaleco que reproducía las portadas del periódico; ellas, jersey negro y un vestido largo, sin mangas, confeccionado con la misma tela, abarrotada de titulares y de la bola verde, símbolo de EL MUNDO.
Al poco, se abrieron las puertas y los invitados fueron pasando hasta el pabellón seis, que albergó la fiesta. Eran las 20.45 horas y, desde entonces y hasta alrededor de las 22.00 horas, una fila fluida de gente era recibida por el primer acto de Els Comediants.
A la entrada del pabellón, los característicos diablillos del grupo catalán bailaban al son de una música trepidante, agitaban antorchas rojas, blandían mangueras que escupían bengalas y lanzaban fuegos artificiales.
Los demonios recorrían la arquitectura del edificio mientras, abajo, bailarines infernales se agitaban al ritmo de la danza del fuego y los planetas se revolvían en una coreografía que creaba un ambiente mágico que iba a impregnar toda la velada.
Estas danzas eran un aperitivo de lo que vendría después, una inmensa alegoría que brindó por la libertad de prensa y que asistió al nacimiento de la verdad, como sucede cada noche, cuando la rotativa de EL MUNDO imprime el periódico.
Mientras los actores bailaban, los intrépidos reporteros del programa Caiga quien caiga iban de un lado para otro entrevistando a todo aquel que llegaba. Luis María Anson fue uno de los que cayó en sus garras.
Además del fundador de La Razón, asistieron muchos compañeros del mundo de la comunicación. Entre otros directivos, acudió la plana mayor del Grupo Recoletos: Jaime Castellanos, Alejandro y Rafael Kindelán, Eduardo Ferreira y Luis Infante. Además, estuvieron Alejandro Echeverría, consejero delegado del Grupo Correo y presidente de Tele 5; José María Bergareche, consejero del Grupo Correo; Javier Bardají, subdirector general de Tele 5; Catalina Luca de Tena, editora de ABC; Jesús Fernández Miranda, consejero delegado de Prensa Española; Pedro Pérez, presidente de Vía Digital; Juan José Nieto, consejero delegado de Antena 3; José Antonio Sánchez, presidente de Radio España; y Jesús Martínez Vázquez, editor de Expansión.
Tampoco faltaron importantes periodistas, como Blanca Berasátegui, directora de El Cultural; Marta Robles, Isabel San Sebastián, directora de El primer café, de Antena 3; Fernando Onega; Consuelo Alvarez de Toledo y Federico Ysart, y Jesús Conte, jefe de prensa de Jordi Pujol.
Cuando los diablillos de Els Comediants acababan un baile, los invitados aprovechaban para entrar en el pabellón. Allí, eran recibidos por una nube de fotógrafos y por Patricia Conde, la reportera rubia de El Informal.
La noche iba a ser larga y 60 barras repletas de comida y 25 de bebidas, atendidas por decenas de camareros se encargaron de que a nadie le faltara nada.
Mientras tres pantallas gigantes daban cuenta de la llegada de políticos, banqueros, reinas de la noche, representantes de la judicatura -como Rafael Mendizábal, miembro del Tribunal Constitucional; Ignacio Gordillo, fiscal de la Audiencia Nacional; y el juez Javier Gómez de Liaño y su esposa, la fiscal María Dolores Márquez de Prado- y protagonistas de la vida cultural como los escritores Francisco Umbral, Lucía Etxebarría y Alejandro Gándara, uno podía dar la vuelta al mundo comiendo.
Es decir, había rollitos de primavera chinos, sushi japonés, fajitas y jalapeños mexicanos, quesos suizos, ahumados nórdicos, mortadela de Bolonia y ravioles italianos, vinos españoles, y, de postre, pasteles y helado.
Plato y copa en mano, los invitados observaban las portadas que, a modo de grandes paneles que caían del techo, decoraban las paredes del pabellón.
Esas portadas que han hecho de EL MUNDO, a lo largo de estos 10 años, un actor más en la obra de la vida española. Titulares que dieron noticia, en su día, de asuntos de política nacional tan relevantes como la victoria del Partido Popular en las elecciones generales, la pérdida de la mayoría absoluta por parte del PSOE, la liberación de José Antonio Ortega Lara o la aparición de los papeles del Cesid.
Y también había portadas de suplementos que, con sus diseños vanguardistas, han hecho de EL MUNDO el periódico más premiado por la prestigiosa Society of Newspapers Design.
En el patio, a la danza de Els Comediants siguió el encendido de las letras que dieron la bienvenida a la plana mayor de la empresa -Alfonso de Salas, presidente de Unidad Editorial; Pedro J. Ramírez, director de EL MUNDO; Balbino Fraga, director general; Juan González, secretario general; Paolo Carrer, vicepresidente de Unidad Editorial; Jaime Castellanos, consejero, Antonio Fernández-Galiano, director gerente; Cesare Romiti, presidente del Grupo Rizzoli, Claudio Calabi, consejero delegado de Rizzoli- y, un poco más tarde, a José María Aznar y a Ana Botella. La llegada del presidente del Gobierno dio paso a los momentos más brillantes de la fiesta.
(Pasa a la página 8)
(Viene de la página 5)
La noticia exclusiva que siempre persigue todo periodista empezaba a gestarse.
Un ruido de sirenas dio entrada en el pabellón al mafioso. Varios haces de luz que se movían frenéticamente entre el público descubrieron a un gran caballero que medía más de tres metros, vestía de negro, lucía sombrero y pañuelo en el bolsillo de la americana y fumaba un puro enmarcando una sonrisa cínica, y que entró rodeado de guardaespaldas.
Su propósito era escapar con las maletas repletas de dólares mientras varias rubias descorchaban botellas de champán. Pero ni el gran caballero ni sus amigos iban a llegar muy lejos. Por el otro extremo de la nave, rodeado de fotógrafos empeñados en captar la realidad, llegaba su enemigo, el reportero que busca la verdad. El periodista que, bajo la gabardina, esconde un ansia ilimitada de encontrar el punto flaco del corrupto y desvelar sus sucias maniobras.
El caballero de blanco contra el hombre de negro, el poder de la libreta y el lápiz frente a los maletines repletos de billetes... la verdad que persigue al malhechor. El periodista ha encontrado una exclusiva.
Cientos de flashes erosionan la máscara del malvado, hasta que el disfraz cae. El corrupto ha sido descubierto, las chicas lo abandonan y los guardaespaldas se ven impotentes para impedir lo inevitable. El mafioso se rinde y, al caer al suelo, sus maletas se abren dejando escapar una lluvia de billetes.
Canta el gallo, la noche da paso al día y los silbatos de los voceadores anuncian una gran noticia: a bordo de una bicicleta, los vendedores de EL MUNDO ofrecen el periódico del día que, como tantas otras veces, da cuenta de la caída del corrupto.
En este momento, Els Comediants mezcló la ficción con la realidad. Entró en escena un curioso personaje, también ataviado con gabardina, que iba a ser el narrador de los acontecimientos y que compró uno de estos ejemplares. El titular de portada era el siguiente: «EL MUNDO cumple 10 años».
Eran ocho páginas que contaban a los asistentes a la fiesta cómo se gestó el periódico y cómo ha logrado colocarse, en sólo dos lustros, entre los tres más importantes de España. Alfonso de Salas, presidente de Unidad Editorial, explica en el artículo Empezar desde cero la vida empresarial de EL MUNDO.
En las mismas páginas, Francisco Umbral escribe un perfil del director, Pedro J. Ramírez, de quien dice: «Es el que más agudamente titula de la prensa española, el que con más temperatura vive la palpitación del periodismo, el que hace sangre en todas las portadas, pero nunca gratuitamente». Y Pedro J., a su vez, describe los retos que traerá el nuevo siglo. En la parte gráfica, 32 portadas del diario y de sus suplementos dan fe de estos 10 años de Historia.
«¿Quiénes serán estos de EL MUNDO? Que lo cuenten ellos. Que suban quienes crearon y crean este diario». El narrador hizo subir así al escenario al director de EL MUNDO y a Bengt Braun, presidente de la Asociación Mundial de Periódicos.
Acabados sus discursos, la salida de los voceadores anunció que Els Comediants seguía el espectáculo con La alegoría de la verdad, en la que la Tierra, la luna y el sol simbolizan el ciclo que, día tras día, produce un periódico desde que se gesta la noticia, se prepara, se fabrica el periódico durante la noche y, por fin, a con la luz de la mañana siguiente, llega a los quioscos.
«La información nace y navega por EL MUNDO con la banedra de la equidad», dijo el narrador mientras aparecía, por un extremo del pabellón, una enorme bola del mundo que se desplezaba hacia el centro. Debajo de ella, enganchada con cuerdas, iba la frágil figura que representaba a la verdad, vestida de blanco. «La verdad nace con el sol e inunda de luz y color el día», fue la frase que sirvió de introducción a la entrada en escena, por otro lado de la nave, del globo naranja que representaba al Sol, el nacimiento del día que expande la información.
La Luna, el otro astro, surgió de otra esquina alentada por el narrador: «La verdad vela la noche y la ilumina con luz de luna azulada como un lucero en el firmamento».
Los bailarines que, como duendes de la noche y del día, danzaban alrededor de los astros, llevaron a los tres globos a converger en el centro del pabellón, donde el narrador propuso hacerles una foto: había nacido la verdad. «La verdad ilumina el día y la noche, la verdad vuelve a nacer cada día a la salida de una nueva edición».
La fiesta estaba en su punto culminante y las barras de bebida no daban abasto para servir copas a las miles de personas que todavía disfrutaban de la velada. Entre ellas, importantes personalidades del mundo de la cultura como los escultores Martín Chirino y Esperanza D'Ors; el director de orquesta y de Promúsica Xavier Güell; el director del Instituto Cervantes, Fernando Rodríguez Lafuente; el director general del Libro, Fernando Lanzas; los directivos de Ediciones B, Blanca Rosa Roca y Enrique de Hériz; los editores Nicole Muchnik, Chus Visor y Julián León, los escritores Rosa Pereda, Lourdes Fernández Ventura, Luis Antonio de Villena, Paula Izquierdo, y el músico Julián Hernández, líder del grupo Siniestro Total.
La apoteosis final preparada por Els Comediants comenzó unos 30 minutos después de la medianoche. El grupo se sirvió de tres plataformas de 10 por tres metros, que se movían por la nave arrastradas por tres vehículos. Sobre la primera de ellas, seis bailarinas fotógrafas, vestidas de blanco, con bombín y bastón, danzaban al ritmo de jazz.
Una segunda plataforma transportaba a varios reporteros, que no dejaban de lanzar sus flashes sobre el público y, una tercera, hacía un homenaje a los profesionales que realizan las principales tareas de una redacción: una secretaria tecleaba sin parar, el hombre anuncio se paseaba para mostrar su mercancía, el reportero tomaba notas en la libreta, la secretaria que hablaba a la vez por varios teléfonos y el crítico que afila el lápiz con expresión amanezadora.
Como en toda fiesta mágica de cumpleaños que se precie, no podía faltar en el X Aniversario de EL MUNDO un hada madrina, que avanzó por el pabellón hasta situarse al lado del gran pastel de nata, que ya se había colocado en el centro de la nave.
Entonces, todos los asistentes se metieron de lleno en el espectáculo al seguir las instrucciones del narrador e iluminar el espacio, cada uno con una bengala que había recibido en la entrada. «Para que todos seamos una sola voz, les pedimos que participen en este instante emotivo de la fiesta y enciendan las bengalas. ¡Es un inmenso paisaje de corazones que brillan y palpitan de emoción!», jaleaba el narrador.
Las luces dieron paso a un homenaje a todas las secciones del periódico. «¡Felicidades, EL MUNDO! ¡Felicidades a todos aquellos que han hecho posible lo que hace 10 años parecía una hazaña imposible!», se despidió el narrador mientras varios carteles con los nombres de las secciones del diario se desenrollaban desde el techo.
Hasta aquí, la representación de Els Comediants. Pero todavía no era ni la una y quedaba fiesta para mucho rato. Las barras estaban atestadas de gente dispuesta a aguantar y llegar hasta la madrugada bailando al son de los ritmos drum & bass, jungle, breakbeat, hip-trip hop y dob que pinchaban los Jazzin Club, el trío de Dj's formado por los españoles Chema García y José Navarrete-Nava y el británico David Standley.
Los que prefirieron irse a casa se encontraron, a la salida, con más vendedores de periódicos. Esta vez no eran los miembros de Els Comediants, sino azafatas que entregaban un ejemplar del diario que salió ayer a la venta.
Reportaje gráfico de Alberto Cuéllar, Julián Jaén, Diego Sinova, Julio Palomar, Javier Martínez, Carlos Barajas, Bernardo Díaz, José María Casaña, Chema Tejeda y Pedro Armestre. Texto de Cristina Aldaz.