Miércoles, 13 de octubre de 1999 EL MUNDO periodico

LA ULTIMA VUELTA AL MUNDO EN 80 DIAS DEL MILENIO

En el meridiano cero


DIA 2.- El mejor sitio para arrancar una vuelta al mundo en 80 días es la línea donde empieza el tiempo. El Observatorio Real de Greenwich es hoy un museo que enseña relojes, telescopios y curiosos instrumentos para enganchar el tiempo o las estrellas. Luis Pancorbo ha descubierto qué le sucede a un cuerpo que pisa el meridiano 0º, 0', 0'': si se extienden los brazos, se abarcan las dos mitades del mundo. Pero ahora, la famosa línea ya no es de bronce, sino plastificada, para resistir los millones de zapatos que acuden a gozar de un viaje mundial.

LUIS PANCORBO

Para ir al lugar donde empieza el tiempo lo mejor es tomárselo con filosofía. Prefiero bajar por el Támesis hasta Greenwich admirando un cauce de aguas amarillentas y bastante limpias, mientras sobre mi cabeza pasan puentes famosos, Waterloo, Blackfriars (como llamaban a los dominicos españoles del XIII)... Pasa en un suspiro el Globe, réplica de un teatro isabelino, o el puente de Londres, que no sólo no se cae, sino que tampoco lo compró un millonario americano para ponerlo en Nevada.

Más tarde, la zona portuaria del sureste de Londres, que ha sido sometida a un buen lavado de cara al milenio. En lo que antes era smog, Támesis hediondo y casas ruines, ha caído una regeneradora lluvia de esterlinas. El rascacielos de Canary Wharf, con sus 259 metros, es el edificio más alto de Europa. Y casi enseguida, al salir del meandro de la isla de los Perros y enfilar hacia Greenwich, surge en lontananza el más peculiar de los hongos.

La Millennium Dome, la gigantesca y blanca Cúpula del Milenio, dispara hacia el cielo sus 12 meridianos. Es una idea en ancho de la torre Eiffel, algo entre un circo y una nave espacial que ambiciona quedar como emblema de una ciudad famosa hasta ahora por sus monumentos del Imperio.

Hoy no tengo previsto visitar la respuesta de la Gran Bretaña posmoderna al milenio, sino ver qué hora es en Greenwich no vaya a ser que también la hayan cambiado. De paso, indagar un poco qué le sucede a un cuerpo que pisa el meridiano 0º,0',0'' en la misma raya de su nacimiento.

Comprendo que el tema de la longitud ya no preocupe más que a los bajitos. Determinar la longitud fue la madre del cordero de las antiguas ciencias náuticas. Los barcos se encallaban y los marineros morían porque en realidad no sabían dónde estaban. Las islas descubiertas con tanto trabajo desaparecían de los mares como por ensalmo. Gran Bretaña ofreció un premio de 20.000 libras (como la apuesta de Phileas Fogg) al primer relojero que inventase un cronógrafo capaz de dar la hora exacta en cualquier condición de navegación, fuese helada o tórrida la latitud, hubiese tormentas o calmas chichas.

Subo la amena colina del parque de Greenwich, donde este encapotado domingo premilenario cantan Las Voces Sagradas, tibetanos, gospel y demás. A veces no tienes que ir tan lejos para escuchar al mundo. ¿Habrá algo inglés, como aún hay zorro o perdiz roja nativa? En Londres pasas días sin encontrarte con un inglés verdadero. Un momento. Ahí enfrente ciertos seres de un color blanco difícilmente paquistaní o antillano hacen un picnic con jersey y paraguas a mano. Si los miras un segundo más de la cuenta, hasta se sienten en la obligación de saludarte.

Arriba, el Antiguo Observatorio Real parece un castillo en la niebla del tiempo. No sé si guarda el fantasma de Newton o de Halley, pero es donde se resolvió el tema de la longitud y se observaron los cielos -cuando todavía no estaban contaminados- para situar algo tan fantástico como la línea meridiana.

El observatorio se ha convertido en un museo con los famosos relojes de Harrison, el que ganó el premio al inventar los péndulos definitivos para medir la longitud, los telescopios de los primeros astrónomos reales, o los fascinantes instrumentos empleados en los siglos para enganchar el tiempo o las estrellas. Antes de entrar en eso, observo que la línea meridiana, como si fuera una serpiente blanca, se descuelga por la tapia que rodea el Observatorio y luego repta por una pared del exterior. Si extiendes los brazos, puedes abarcar las dos mitades del mundo. Luego hablan del poder de dilocación de Sor María de Agreda, capaz de ser vista en dos sitios al mismo tiempo.

Sin embargo, es más habitual visitar la parte de la línea que sale del interior del Edificio Meridiano y surca el patio por unos 10 metros. Ya ahí no es una raya de bronce, sino plastificada, muy resistente a los millones de zapatos que quieren gozar de un viaje mundial por el módico precio de las seis libras que cuesta la entrada.

A ambos lados de la raya han puesto unos rótulos con los nombres y los grados de diversas ciudades. Madrid está a 3º 43' al oeste de Greenwich y aunque quepa de sobra dentro del espacio del meridiano 0º -el siguiente meridiano al oeste empieza a los 15º- tenemos una hora más que en Greenwich.

No he hecho más que empezar la vuelta al mundo y mi reloj no se queja. A ver lo que dura. Me esperan 12 husos horarios hacia el este y los pasaré todos, incluso en zigzag, y con saltos de días. En Greenwich tienes claro que el tiempo es una entelequia. Los ingleses conservan su meridiano anterior al de 1884 como base de sus mapas terrestres. Tampoco los husos horarios, establecidos a partir de la longitud 0, están tendidos de forma simétrica y paralela cruzando el mundo de polo a polo, sino que mirados en un mapa tienen extraños picos, bultos, bolsas, senos o narices. Cada país es libre de curvar su huso y ponerse la hora que mejor le conviene. Por eso en la India tienen tres horas y media más de GMT, y por eso también Kiribati, un país que existe vagamente en los mares del Sur, madrugó en 1994, cogió su raya y la estiró como chicle casi 2.000 kilómetros para asegurarse así, con Carolina, una isla rebautizada Millennium, la prerrogativa del primer amanecer. Lo cual es discutido por los neozelandeses. No han movido la raya y por tanto el honor será para las Antípodas (por lo que se refiere a islas deshabitadas) o para las islas Chatham, donde unas decenas de granjeros van a disfrutar la lana más madrugadora del mundo.